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| 31-05-02 |
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| La opinión
de Luis Villarejo, redactor jefe de MARCA |
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A España
por fin no le duele nada
Parece mentira, tocamos madera, pero por fin afrontamos un Mundial
sin dolor. Entramos en el campeonato sin anestesia, sin calmantes
ni analgésicos. Lógico es que el devenir del campeonato
genere problemas físicos, pero lo que era desgraciadamente
atípico es ver ya antes del torneo a nuestros mejores
futbolistas, tristes, cabizbajos y agobiados porque el cuerpo
no les respondía como ellos querían. Ver la cara
a Raúl, a Hierro, a Pep Guardiola, a Alkorta en otros
eventos de gran calado, era un poema. Verles sufrir desanimaba.
Las luces de las habitaciones de su hotel de concentración
no se apagaban hasta las tantas de madrugada. El trabajo y la
dedicación de los fisios era interminable. A buena parte
de la prensa nunca le interesó el asunto. Se veía
a los futbolistas serios y firmes en la tele cuando sonaba el
himno. Y se suponía que estaban aptos. Nunca jugaron
al cien por cien. Pero su presencia era necesaria en el campo.
En un Mundial, el nombre de los cracks intimida. Mete presión
al rival. Y si el jugador, como es el caso, ama y muere por
la camiseta de su país, había que mantenerles.
Máxime, si en el banquiillo, el relevo no garantiza un
rendimiento superior.
Es por eso, que este Mundial invita cuando menos a la ilusión.
Nos cuenta Raúl, con el semblante sonriente, que en esta
ocasión todo es distinto. En otras concentraciones la
camilla del masaje era un peaje obligatorio antes de ir a la
cama. Hoy por hoy, Camacho puede estar satisfecho de contar
con todo el plantel al cien por cien, sin mermas. Eso es buena
noticia. Y es que esta vez han llegado al verano sin secuelas.
La Federación además en este Mundial ha reforzado
´los boxes´ de la selección. Al magnífico
equipo de recuperadores que había antes, se han añadido
más profesionales, que conocen durante todo el año
las lesiones de cabecera de los nuestros. De momento, el invento
funciona. Hay tres formas de estar en un grupo: sumando, restando
y pasando inadvertido. Y hasta la fecha, el nuevo personal parece
que suma. Ojalá este estado de música celestial
dure todo el torneo.
Por cierto, que el batacazo de Francia se respiraba en el ambiente.
En la concentración de España por ejemplo no sorprendió
nada. Losfutbolistas, en este caso los nuestros, siguen siendo
el mejor termómetro para adivinar situaciones. Desde
hace días dudaban que este equipo fuese capaz de saber
jugar sin Zidane. Y efectivamente, no supieron nunca leer el
partido. Ni romperlo. Porque en las bandas se nota que Henry
y Wiltord son dos tipos reciclados para actuar en los costados.
El mito de Francia se nos viene abajo. Y atención porque
una derrota así no sólo les puede complicar la
vida. Es que Francia se puede ir a la calle en la primera fase.
Ver a Zidane de recogepelotas en la banda, buscando el balón
con urgencia y con esa cojera alarmante que nos anuncia estar
muy lejos de estar en plena forma, desde luego no transmite
buenas vibraciones. Senegal tumbó a Francia con un notable
partido de El Hadji Diouf, un futbolista musulmán con
fama de rebelde que en cuanto marque un gol, va a desafiar a
la FIFA, levantándose la camiseta para mostrar la efigie
de Serigne Touba. Ya ha anunciado que le merece la pena pagar
la multa.
Francia salió humillada de su debú. ¿Se
imaginan que hubiera sido España la selección
que se merendó Senegal?. La catarsis habría sido
de época. Veremos como se lo toman en Francia, un país
con menos pasión que el nuestro. En el pasado Mundial,
Francia, después de los partidos se metía en el
autobús de regreso a su refugio de Clairefontaine. Allí
dentro, Vicent Candela, el actual jugador de la Roma, se erigía
en portavoz musical. Y ponía en el cassette del bus el
célebre "I will survive" de Gloria Gaynor.
En el 98, surtió efecto. Este año, más
que nunca necesitan la sintonía para sobrevivir. Se les
ha puesto cuesta arriba el reto.
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