18-06-02  
 La opinión de Luis Villarejo, redactor jefe de  MARCA
El compromiso de Hierro

25 de junio de 1998. Estadio Felix Bollaert de Lens. España acaba de humillar a Bulgaria (6-1) en el último partido del Mundial. El resultado no vale para nada. Nos vamos a casa. Hierro avanza hasta la posición de Andoni Zubizarreta y ambos se funden en un emotivo abrazo. Era el último servicio de Zubi a la selección. "Lo siento", le dijo Fernando. "Tranquilo, lo siento por tí, ahora te quedas sólo para asumir los palos", le contesta Andoni. Desde ese día, Hierro asumió la jerarquía única de la capitanía, un puesto que tradicionalmente implica torear con un carrusel de problemas porque la selección con eso que es de todos, todo el mundo opina sobre lo divino y lo humano.

Han sido cuatro años intensos, con muchos laureles por el camino en su club, y con una mezcla de ansia y devoción por conquistar algo grande con el equipo nacional. Hierro ha elegido el momento oportuno. Una semana larga, de esas que llamamos en fútbol. Lo ha hecho antes de saber que Corea es el rival en cuartos de final y que el sueño de alcanzar algo grande está más cerca.

Pocos futbolistas en la historia de España han entendido el papel de la seleccción con la visión y el cariño que siempre ha dispensado Fernando Hierro. Ser capitán de España te da un barniz diferenciador con respecto a otros compañeros. Vivir, como él los ha vivido, cuatro Mundiales, le han puesto en un escalón superior, en un escalafón del fútbol internacional, que a buen seguro le va homenajear como se merece el día que él quiera marcharse ya de esta profesión.

Fernando Hierro es un gran defensor de la profesión futbolista, de ese oficio que antes te preguntaban cuando uno iba a renovar el carnet de identidad y te preguntaban a qué te dedicas. Hierro cuenta que el día que él se marche el fútbol, le gustaría que cuando camine por la calle le recordaran: "Mira por ahí, por la acera va un futbolista". En toda la extensión de la palabra. Hierro es asiduo de las selecciones FIFA que año a año aglutina a los mejores jugadores del mundo. Cuenta con todo el apoyo de los profesionales: entrenadores, compañeros, nacionales y extranjeros. Puede estar orgulloso. Hoy se le escapó alguna lágrima de emoción en su anuncio ante la prensa. Lógico, han sido muchos sinsabores, muchas batallas, infinidad de historias, también buenas. Como aquel día que con su gol en Sevilla y frente a Dinamarca, en el año 93 nos dio la plaza en el Mundial de EEUU. La vida sigue. Te marchas Fernando cuando tú has querido. Nadie te ha puesto fecha ni caducidad. Eso es un privilegio al alcance de muy pocos. Suerte. El fútbol sigue un año más contigo en el Real Madrid. Y ojo al Mundial. Todos tenemos buenas vibraciones. Seguro que habrás soñado más de una vez levantar en Yokohama esa Copa de oro. Esa generación la merece.


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