03-06-02  
 La opinión de Luis Villarejo, redactor jefe de  MARCA
Rivaldo, deja el teatro y a lo tuyo

Si te lo cuentan sin verlo, no te lo crees. Ver a Rivaldo fingiendo en el suelo un pelotazo en la cara, cuando realmente el balón le dio en la pierna, resulta extraño e increible. Habíamos visto a Rivaldo haciendo sus pinitos de actor en un anuncio de Cola Cao, pero su actitud frente a Turquía merece el tirón de orejas, no sólo de la opinón pública, sino también de su entrenador, Luis Felipe Scolari.
Rivaldo tuvo suerte. Se encontró con un buenazo de árbitro, el primer coreano en la historia que pita en un Mundial. Con ese dato en la mano, Kim Young Joo no quiso hacerse famoso y castigar a Rivaldo por esa tontería, que algunos lo confunden con picardía.
Del Mundial están pendientes millones de personas en todo el planeta, entre ellos infinidad de críos que imitan cada gesto que exhibe en el terreno de juego. A Rivaldo, cuya imagen siempre está asociada al entorno de la infancia, no le vendría mal pedir perdón por esa acción que no le favorece en nada.
Rivaldo es crack. Todos nos divertimos con él. Nos enseña siempre algo nuevo en su repertorio. Conserva ese golpe seco, imparable, que tumba rivales día sí y día también. Pero hoy, precisamente ante una selección de perfil más débil, y con el partido ya en el bolsillo, debió dejar ese teatrillo, que habitualmente está reservado para los mediocres. Rivaldo es una imagen registrada del arte del fútbol, no un icono del engaño.


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