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| 06-06-02 |
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| La opinión
de Luis Villarejo, redactor jefe de MARCA |
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El orgullo
de Chilavert
Sabe que no es Khan, que no es Buffon, que no puede compararse
con Cañizares o Iker Casillas en los fundamentos naturales
del portero de toda la vida. Por eso, José Luis Chilavert,
se radia a sí mismo sus sueños de gloria. Se queda
al final de los entrenamientos de Paraguay a lanzar faltas,
a imitar al futbolista, a sentir ese anuncio de Coca Cola, tan
expuesto estos días en la tele, donde se realza la figura
del arquero, como dicen en Sudamérica, cuando siente
la alegría que genera marcar un gol.
Su orgullo le impide esta callado, ser un futbolista normal.
Está acostumbrado a que le alumbren los focos incluso
cuando no juega, como se demostró en el debut de su país
ante Sudáfrica, donde la cámara estaba más
pendiente de él que de Tavarelli. Sus cambios de humor,
su odio visceral a todo lo que huela a España, sus filias,
sus fobias, alimentan la personalidad de un personaje mediático
que ya es el tipo más famoso del campeonato sin haber
disputado todavía un minuto del Mundial. Eso sí
que es un récord, una auténtica hazaña.
Salir en la foto sin ponerse los guantes. Chilavert recuerda
en la víspera del segundo partido de Paraguay a ese boxeador
fanfarrón, que el día del pesaje amenaza al otro
a voz en grito diciéndole al rival que le va aniquilar
sin piedad.
En la concentración de España, los jugadores de
Camacho se muerden la lengua. Cuentan hasta tres todos los días
para no expandir su imagen un poco más, como es su deseo,
y por qué no decirlo, pues cierto es que hablar se habla
en el campo, pero igual le da por arrinconar a sus compañeros,
tira una falta y cuenta con la fortuna de anotar un gol. Los
españoles han procesado todas sus bravatas y ojalá
ninguno caiga en su provocación durante el segundo partido.
Por ganas no será.
A Chilavert, como a algún buen futbolista más
que anda en el mercado como puede ser el caso de Mostovoi, les
duele el alma entrar en su recta final como futbolistas y no
haber contado con la oportunidad de haber jugado en un club
de enjundia. Piensan contínuamente: "Con lo bueno
que soy, qué hará fulanito en el Megaclub de turno,
cuando yo soy mil veces mejor que ellos". Pero así
es la vida. Chilavert espera la jubilación jugando en
el famoso Estrasburgo. |
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