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| 12-06-02 |
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| La opinión
de Luis Villarejo, redactor jefe de MARCA |
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Raúl
y el cuarto partido
Sentado en una de las sillas de plástico del pabellón
multiusos de la Ciudad deportiva, días antes de volar
a Corea, Raúl mandaba su primer análisis pretorneo.
"Los dos partidos clave de un Mundial son el primero y
el cuarto". Pues, ya está aquí el famoso
cuarto. El de octavos de final es el que de verdad comienza
a marcar la pauta del futuro de una selección. Si no
ganas, de nada sirve el esfuerzo exhibido hasta la fecha. Eliminada
la viruta, queda el cogollito, la materia prima potable en donde
el fútbol cobra realmente su auténtico sentido.
Estamos en el cuarto, en ese envite decisivo que traza la separación
del trampolín de éxito de la desilusión
colectiva. A esta frontera llega España mejor que nunca.
Con un grupo amplio. En esta España FC hay más
de los 14 o 15 jugadores básicos que suele manejar un
técnico. Entró con éxito Joaquín
y también Albelda. Y Mendieta. A Gaizka hay que valorarle
el gol y el empeño, a un futbolista que se ha pasado
el año en blanco, fuera de circuito. Hay que valorar
su partido.
España asume y digiere ya ese cartel de favorito que
no la prensa española, sino la del resto del planeta,
nos va a etiquetar a partir de hoy. Tres partidos, nueve puntos.
Los registros apoyan esa tesis, viendo además a Raúl
en el paraiso, jugando con alegría, moviéndose
con inteligencia cuando el equipo le necesita y por supuesto
con una llegada demoledora. Quinton Fortune abrió hoy
un debate que ojalá se mantenga al final del torneo por
el bien del fútbol español. Dice Fortune que Raúl
es el mejor jugador del mundo. Su rendimiento es óptimo
y si España progresa y se cuela en la final, cuenten
ya con ese título honorífico que tanta falta hace
al fútbol de nuestro país.
Para ir saltando vallas, la primera que nos cruzamos es Eire.
Una selección que mandó a casa a la Holanda de
Vaan Gaal en la fase previa. En su grupo pasaron los irlandeses
como segundos junto a Portugal. En los próximos días
pues, conoceremos en profundidad la vida y milagros de Mick
McCarthy, el irlandés que arruinó la aventura
de Van Gaal en el Mundial. Entretanto, Francia aterrizó
en París. No hubo bronca. Ni tremendismo. Todo lo contrario.
Sus futbolistas fueron aclamados en el aeropuerto. Los franceses
son así. Respetuosos con la gente que les hecho felices,
muy felices en la última década. Ese baño
de respeto que se dio Francia es reseñable en esta sociedad
resultadista que nos rodea. En Clairefontaine, analizan el fiasco.
Tienen las bases proyectadas. Y Aimé Jacquet, el supervisor
de todo el invento, sólo tendrá que darle al botón
para impulsar a la savia nueva que va a suplir a muchas vacas
sagradas. Con calma, sin alarmas, Francia trabaja ya en la regeneración.
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