- Portada MARCA Lamine, protagonista del día
El 'caso Cornellà' sigue dando vueltas. El informe interno de la Federación pone negro sobre blanco lo ocurrido en el España-Egipto y fija un punto de partida: el fondo sur del RCDE Stadium. En los sectores 108, 109 y 110 del Gol Cornellà inferior fue donde arrancó todo.
Ahí sitúa cuatro cánticos denunciables. “Pedro Sánchez, hijo de p***". “España católica y no musulmana”. El ya repetido “musulmán el que no bote”. Y cánticos contra Joan García. Todos, según el documento, nacen en un mismo foco: el grupo ‘Barcelona con la selección’, ubicado en esa grada.
No era todo el estadio. Era un punto concreto, pero con suficiente volumen para hacerse notar. Parte del público escuchó los gritos sin identificar con claridad su contenido. El árbitro búlgaro fue informado al descanso. Ahí se activó el protocolo UEFA.
La reacción fue inmediata y por dos vías. La Federación, según cuenta Isaac Fouto en Cope, contactó con la directora de seguridad del Espanyol para tratar de identificar implicados y reforzó la presencia de vigilantes en la zona —cuatro o cinco efectivos—. A la vez, un alto cargo trasladó la situación al equipo arbitral. El aviso por megafonía y videomarcador llegó tras el paso por vestuarios. En la segunda parte se apretaron las medidas y, cuando reaparecieron los insultos, el resto del estadio respondió con silbidos, aislando el foco.
También dibuja el contexto de esa grada. ‘Barcelona con la selección’ concentró cerca de 1.900 entradas en ese fondo según explican en 'El Mundo'. Se adquirieron a través de un canal exclusivo con un descuento cercano al 40% para socios del Espanyol. El grupo defiende que no compró directamente los tickets, que solo difundió un enlace facilitado por la Federación para ocupar la zona de animación.
La fricción venía de antes de que rodara el balón. Intentaron introducir cámaras profesionales, mástiles y megáfonos. No se permitió el acceso con ese material. Se ofrecieron bombos como alternativa, pero no hubo acuerdo al negarse a facilitar datos personales. Además, se desactivó el sistema habitual de megafonía en ese sector. El ambiente ya estaba cargado.
El caso no se quedó en la grada. El “musulmán el que no bote” ha provocado un terremoto que sigue creciendo. Hubo condena unánime desde distintos estamentos deportivos y políticos. El Gobierno decidió trasladar los hechos a la Fiscalía. En paralelo, los Mossos d’Esquadra analizan imágenes, vídeos y redes sociales para identificar a los instigadores. Trabajan junto a la Fiscalía de Odio y Discriminación, que determinará si hay recorrido penal. Si no lo hay, se activará la vía administrativa al amparo de la legislación contra la violencia, el racismo y la xenofobia en el deporte.
Marruecos se pide la final del Mundial
El eco ha cruzado fronteras. En Marruecos, el episodio se utiliza como argumento en la carrera por acoger la final del Mundial 2030, que organizarán conjuntamente España, Portugal y el propio país magrebí. Desde allí, algunos medios ya mueven ficha. El periódico Goud apunta a los “numerosos incidentes racistas en los estadios españoles” en los últimos años y subraya la preocupación en las instituciones por frenar este fenómeno.
El discurso va más allá. “En los estadios de Marruecos no se registran incidentes racistas de este tipo ni de esta intensidad”, sostienen. Incluso deslizan que la FIFA “es consciente” de lo que ocurre en algunos campos de España. Con ese contexto, consideran que Marruecos parte con ventaja para albergar la final del Mundial 2030. La batalla está abierta entre Madrid, Barcelona y Casablanca por llevarse el partido decisivo.
El mensaje de Lamine Yamal, portada de MARCA
En ese pulso aparece también un elemento simbólico. “Los musulmanes en España están sufriendo racismo en los estadios y curiosamente, la primera estrella de la selección española es un musulmán de origen marroquí”, se recuerda estos días en nuestro país. Lamine Yamal, incluso, lanzó un mensaje que fue portada de MARCA.
Mientras tanto, el foco disciplinario sigue su curso. El Código Disciplinario de la FIFA contempla sanciones si uno o más seguidores atentan “contra la dignidad o integridad de un país, una persona o un colectivo de personas”. El abanico incluye multas de al menos 20.000 francos suizos y la posibilidad de cierres parciales de gradas o limitación de espectadores en partidos como local. El lío de Cornellà aún sigue muy vigente.

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