El Bernabéu puede ser un escenario cruel para un jugador del Real Madrid. El famoso runrún de la grada cuando un futbolista hace algo que no es del agrado del respetable o cuando el equipo muestra dudas puede ser una losa demasiado pesada para algunos.
Del mismo modo, cuando el viento sopla a favor, el Bernabéu puede potenciar la versión más arrojada de un futbolista. Sucedió este sábado ante el Elche, con el partido casi ganado (3-1 en el minuto 89) y el estadio blanco disfrutando de la explosión de canteranos sobre el terreno de juego. Un contexto adecuado para el atrevimiento, el que tuvo Arda Güler para golpear desde 68 metros aprovechando un 'paseo' de Dituro lejos de su área. El gol inflamó el Bernabéu, que venía de la gran noche ante el City y que, de nuevo, pudo disfrutar de otra buena actuación de los suyos, coronada por el golazo estratosférico del talento turco.
No era la primera vez que un jugador del Madrid se atrevía a tanto, siempre en el marco del estadio blanco, que tiene una especie de imán para este tipo de jugadas. En época moderna, el primero en aventurarse fue Santi Aragón, canterano blanco que logró hacerse un hueco en el Madrid de los 90, en el que la Quinta del Buitre seguía brillando. Además, fue el único tanto de esta naturaleza marcado en una final, la de la Supercopa de 1990 ante el Barcelona. "Robé un balón a Eusebio. Vi el hueco y al fondo a Zubizarreta adelantado, y me decidí a lanzar", comentaba. Corría el minuto 70 de un partido que el Madrid ya ganaba 3-1, tras remontar el gol inicial de Goikoetxea, que igualó momentáneamente la ventaja que el Madrid había logrado en el Camp Nou por mediación de Michel.
Los 42 metros del gol de Aragón fueron superados poco después. Gica Hagi, que había llegado al Madrid tras el Mundial de Italia 1990, logró por fin el gol lejano que tantas veces había buscado con la camiseta del Madrid en un partido de Liga ante Osasuna, jugado en enero de 1992 en el Bernabéu. El 'Maradona de los Cárpatos' vio adelantado a Roberto y golpeó desde el límite del círculo central, algo más atrás que Aragón. Fue seguramente el momento cumbre del rumano con el Madrid, club que puso gran empeño en su fichaje, pero en el que Hagi no ofreció más que detalles aislados.
Sólo tres años después, el Bernabéu disfrutó de otro cañonazo para la historia. En este ocasión no fue un futbolista que se prodigara en ataque o destacara por su gran golpeo. El protagonista fue Mikel Lasa, un lateral zurdo fichado de la Real Sociedad que destacó por su brega en los seis años que vistió la camiseta blanca. Su momento más recordado fue un gol al Sevilla (febrero de 1995) desde su propio campo (58 metros), aprovechando una contra y la posición adelantada de Unzúe. Fue sin duda el gran momento del vasco con la camiseta del Madrid, que sufría en esos primeros años 90 la tiranía del Dream Team de Cuyff.
De manera que Güler siguió una antigua tradición en el Bernabéu, que en todo caso llevaba tiempo sin disfrutar de un gol tan espectacular. El del turco, que ya lo había buscado en alguna ocasión (ante Osasuna su disparo lo frenó el larguero) se convierte en el gol más lejano anotado por un jugador del Real Madrid, y continúa una tradición de más de tres décadas en el Bernabéu. ¿Continuará?
Comentarios