
El 11 de febrero de 1960, el Real Madrid aplastó al Elche: 11-2 en Chamartín. El noveno gol de los blancos lo marcó Juan Santisteban, el último que anotó durante sus seis temporadas en el Madrid. Lo celebró sin aspavientos, no porque ya fuera el 9-1, sino porque la timidez siempre ha sido una acompañante fiel en la vida de un madridista ejemplar.
La vida le enseñó pronto las uñas a Juan Santisteban Troyano (Sevilla, 25-12-1936). En la Nochevieja de 1941, una pulmonía se llevó a su padre, Eduardo, agente de la Guardia Civil. Siete meses después, la misma enfermedad acabó con la vida de Antonia, su madre.
Él y Rosa, su hermana, quedaron a cargo de la abuela materna y de una tía. Se decidió que lo mejor para el niño era enviarlo a Madrid, al colegio Infanta María Teresa. Sito en la calle Príncipe de Vergara, era —y es— un centro para huérfanos de la Benemérita.
Sometido a la férrea disciplina de la educación militar, el pequeño Juan resultó ser un elegido con el balón. Todo lo que eran dificultades con los libros se transformaba en habilidades con la pelota.
De vuelta a casa en vacaciones, un año llama la atención en un torneo organizado por el Diario de Sevilla. El Betis anota su nombre, pero tocaba volver a Madrid y a la pelea con los libros. Su tía trató de que el equipo verdiblanco, por el que Juan sentía predilección, lo repatriara costeando los estudios y una ayuda económica extra. No fue posible.
El Madrid
Mientras aprobaba asignaturas a trancas y barrancas, un buen día el Madrid envió a sus juveniles a jugar contra los muchachos del Infanta María Teresa. Los técnicos blancos preguntaron por él y citaron a Santisteban para una prueba en Chamartín.

Agobiado entre una marea de chavales, Juan jugó cohibido. “Por ahora no vuelvas”, le dijo José Morales Berriguete, Moleiro. Pero mes y medio más tarde, cuando se preparaba para intentar ser maestro, le llamó el señor Malbo, una institución en la historia de la cantera del Madrid. Sin pruebas de por medio, entró en la Casa Blanca, que se hace cargo de sus estudios.
Muy pronto, los prebostes del equipo —el entrenador Villalonga y una autoridad en el campo como Miguel Muñoz— le advirtieron: ojo con ese chico.
En junio de 1956 lo llamaron para que subiera a las oficinas a firmar su contrato como jugador del primer equipo. Pero ya sabía lo que era jugar con sus ídolos, porque el 15 de mayo había debutado en un amistoso contra el Betis: 6-1 en Chamartín, con un gol de Di Stéfano. Palabras mayores para el chaval de 19 años, que cumplía dos sueños: jugar con el Madrid y hacerlo al lado de La Saeta.
El derbi
Arrancaba un camino que haría que la vida de Juan Santisteban no se entendiera sin el Real Madrid. El 14 de octubre de 1956 sería un día especial en esa relación. Villalonga anunció un equipo con Muñoz. El Madrid se concentró y el entrenador se acercó a Santisteban.
- ¿Le gustaría jugar?
El muchacho apenas fue capaz de asentir.
- Pues busque un par de botas que le queden bien.

El Madrid ganó 2-4 y Santisteban, para quien era su segundo partido oficial, ya no dejó se ser pieza clave en un camino que le llevó a ganar cuatro Copas de Europa, cuatro Ligas, una Copa Latina y una Intercontinental en sus 115 partidos oficiales con el Madrid.
Leyenda de la UEFA
Las malas lenguas contaron que, al caer Fleitas Solich y llegar Miguel Muñoz al banquillo, Santisteban pagó haber relegado a la suplencia al nuevo técnico. Era algo que la bonhomía de Juan nunca quiso creer. Pero la realidad es que fue cedido al Venezia. Se marchó solo, sin Julia, la novia que sería su esposa y a la que conoció una tarde paseando por la calle Narváez junto a su inseparable Pereda.
Lo pasó mal en Italia, en soledad, aunque en la segunda etapa ya se fue acompañado por quien era su mujer, tras casarse en mayo de 1962. Regresó una temporada al Madrid, jugó al fin otra en el Betis y después se marchó a Estados Unidos, a Baltimore.

Colgadas las botas, se dedicó a entrenar. En el Madrid y en la selección. Su huella en las categorías inferiores del fútbol español es única e impresionante. Nadie ha ganado más campeonatos organizados por la UEFA que él: con la sub 16 conquistó los Europeos de 1988, 1991, 1997, 1999 y 2001; con la sub 17, los de 2007 y 2008; y al frente de la sub 21, el de 2007.
Ocho coronas. En 2001 recibió el Premio Presidente de la UEFA en reconocimiento a su inmensa labor por el fútbol. Lo recogió con la sencillez y la timidez del chaval que en los años cincuenta probó por el Madrid y se fue creyendo que no volvería. Nadie recuerda un gesto altivo de un supercampeón de Europa, de un entrenador en cuyas ideas crecieron jugadores como Iniesta, Fernando Torres, Cesc o Silva. La timidez de un gigante.
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