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“El fútbol en los colegios es un foco de problemas”

Una moción en un ayuntamiento de Ibiza devuelve al debate la cuestión: ya son numerosos los centros escolares que limitan el uso del balón en la búsqueda de patios más inclusivos

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Es, el de limitar la práctica del fútbol en los centros escolares, un debate hasta cierto punto recurrente, que en las últimas fechas ha regresado al primer plano a partir de una moción presentada por Angie Roselló, concejala de Unidas Podemos en la localidad ibicenca de Sant Antoni.

Simplificada desde ciertos sectores de lo político y lo mediático como un simple y burdo intento de prohibir el deporte rey en los colegios, la lectura completa de dicha moción “para la transformación de los patios escolares en refugios climáticos e inclusivos” se antoja necesaria. En la exposición de motivos, por ejemplo, se defiende que “los patios escolares son espacios fundamentales para el desarrollo, la socialización y el bienestar de la infancia. No obstante, su configuración tradicional, caracterizada por grandes superficies pavimentadas y la centralidad de los campos de fútbol, genera un uso desigual del espacio y limita la diversidad de actividades, afectando especialmente a la participación de niñas y otros colectivos”.

A partir de ahí, aludiendo a la iniciativa ‘El poder del patio del colegio’, que “propone la transformación integral de los patios escolares para convertirlos en refugios climáticos, al mismo tiempo que promueve la igualdad de género, la inclusión y la convivencia”, y a diversos estudios y experiencias, se lanza una propuesta de acuerdo instando a que el consistorio en cuestión impulse un programa municipal de transformación que incluya:

Sobre todo se trata de un problema de espacio; alrededor del campo queda poco

Isabel del Río (jefa estudios CEIP La Paloma)

“Promover la renaturalización de los patios escolares, mediante la plantación de arbolado y vegetación, el deshormigonado progresivo del suelo y la creación de zonas de sombra y espacios frescos.

· Reorganizar el uso del espacio en los patios, eliminando la centralidad de los campos de fútbol y fomentando espacios de juego polivalentes, mixtos e inclusivos, así como zonas tranquilas de descanso y convivencia.

· Fomentar la igualdad y la coeducación en el uso del patio escolar, garantizando un acceso equitativo al espacio por parte de todo el alumnado”.

Roselló, criticada con dureza por representantes de otros partidos o por exfutbolistas que ahora colaboran con medios de comunicación, matizaba en los últimos días que “el fútbol en sí no es malo, tiene valores muy positivos”, añadiendo, sin embargo, que “hemos normalizado unos comportamientos y actitudes que están provocando determinadas situaciones, porque los menores al final copian lo que ven en los adultos”.

CEIP LA PALOMA, EN MADRID
CEIP LA PALOMA, EN MADRID.

Esas actitudes son una forma de referirse a los conflictos generados por el balón. “El fútbol en nuestros centros es un foco de problemas. Yo soy futbolero y mi hija juega al fútbol, pero desde el punto de vista educativo no me parece mal”, explica a MARCA Rafael Solana, director y profesor de Educación Física en el colegio Atalaya, de Santander, uno de los que ha limitado la práctica. “Me da hasta un poco de miedo tratar este tema, porque socialmente todo está polarizado y se trata de un problema que trasciende a los centros educativos, pero nosotros sufrimos las consecuencias de lo que ocurre en el fútbol profesional, de cómo está montado el negocio”. Ahí insiste en la idea de que “los niños imitan las conductas de sus ídolos y reproducen ciertas conductas de soberbia... En otros deportes, como el rugby, están más claros valores como la autoridad del árbitro o la importancia del respeto”.

El Atalaya no ha puesto veto alguno, de hecho hace pruebas en la búsqueda de una solución positiva para todos los implicados. En su momento fue la de una semana completa sin fútbol cada mes, ahora es la de dos días por semana. Lunes, miércoles y viernes se puede jugar sin problemas. “Delimitamos zonas para que todos tengan cabida y hacemos que las roten, eso sí. De primero a tercero, una; de cuarto a sexto, otra. Luego ellos las dividen en tercios y se van apañando. Martes y jueves juegan a otras cosas, juntándose compañeros futboleros y no futboleros, niños y niñas... Eso nos parece enriquecedor”.

Los niños imitan a sus ídolos y reproducen ciertas conductas de soberbia

Rafael Solana (director Colegio Atalaya)

Rafael alude también al espacio: “Los colegios suelen ser pequeños y en el patio suele haber una pista de fútbol sala o balonmano. El balón es un objeto que puede hacer daño y es complicado gestionar el espacio para que no se expulse a los que no quieren participar. Además, aunque es cierto que se les ha sacado de la calle, el mundo ha cambiado en ese sentido, los que quieran jugar al fútbol por la tarde ya disponen de otras instalaciones con campos estupendos. Está todo muy profesionalizado, por decirlo así. Nosotros marcamos una pauta, porque creemos que es lo mejor para los niños, pero si no hay ejemplo remamos contra la corriente”.

“Los patios son lugares centrales en la vida de niñas y niños, donde pasan un tiempo importante cada día. Estos espacios deberían no sólo garantizar sino también potenciar la accesibilidad, la equidad, la sostenibilidad ambiental y la participación de toda la comunidad educativa”. Desde ese punto de partida, la cooperativa madrileña de comunicación y género Pandora Mirabilia, el estudio de arquitectura PEZ y las urbanistas feministas Col·lectiu Punt Sis de Barcelona iniciaron, hace una década ya, un proyecto para la creación de una Red de Patios Inclusivos y Sostenibles. Lo hicieron, concretamente, en dos colegios públicos del distrito Centro de Madrid: el CEIP Nuestra Señora de la Paloma y el CEIP Santa María.

CEIP ATALAYA, EN SANTANDER (CEDIDA POR EL FARADIO)
CEIP ATALAYA, EN SANTANDER (CEDIDA POR EL FARADIO).

Isabel del Río es la actual jefa de estudios en el primero de ellos. “Sobre todo se trata de un problema de espacio, por la estructura de colegios pequeños. En nuestro patio hay un campo de fútbol y alrededor queda muy poco sitio, pero también es verdad que se producían peleas sin sentido cuando se trataría de mejorar la convivencia y de educar en valores. Seguimos luchando en ese sentido y hemos ido incorporando otras actividades a petición de los propios niños, que cada trimestre deciden sin hacen cambios”.

Porque en La Paloma ya no se juega al fútbol, con el partido que enfrenta cada curso a profesores y alumnos de Sexto como excepción festiva que confirma la regla. En la propia web del centro se alude al proyecto de patios inclusivos y sostenibles, con el objetivo de que “no queden niños/as solos/as”. Así, al tablón de servicios se añaden varias zonas (bibliopatio, discopatio, huerto, rocódromo...) que se han ido creando. Los de Sexto, ya citados, se encargan cada viernes, por último, de organizar juegos para el resto de cursos y por equipos. “Es toda una experiencia de responsabilidad, de cooperación y de convivencia”.

Borja Peinado es la clara demostración de que en realidad no hay nada contra el fútbol más allá de lo educativo. Ahora es secretario y profesor del colegio en cuestión, pero en su momento fue futbolista. “De base, eh, que sólo llegué hasta Primera Autonómica”, aclara él, reconociendo, en todo caso, que pasó por la cantera del Albacete hasta cadete. “De hecho sigo jugando de vez en cuando, una vez por semana. Aquí llevamos cuatro años como equipo directivo [junto a Isabel y Sandra Valiente, directora], pero el anterior ya coqueteó con la reducción de espacio como experimento, evitando referirse a veto o prohibición”.

El alumnado lo normaliza si ofreces alternativas con las que puedan socializar

Borja Peinado (secretario CEIP La Paloma)
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Borja desarrolla esa perspectiva: “En definitiva se trataba de dar al patio otros usos, observando si los conflictos se reducían. Porque eso pasa en los colegios... pero no de ahora. Empecé a trabajar hace unos 20 años y es la cultura que tiene el fútbol. Éramos tutores y lo hemos sufrido. El debate debe ser más amplio, pero el alumnado lo normaliza si les ofreces alternativas con las que socializan más. Además hay fútbol en extraescolares, clubes en el barrio...”

Otros expertos coinciden en la idea de no interferir en el juego, siendo ésta en todo caso compatible con transformar el patio según los valores que se quieran desarrollar. Santi Cañizares, el que fuera portero de Valencia, Real Madrid o selección, insiste mientras en que “los conflictos más grandes de este país los han generado los políticos, no el deporte”, y apunta “el ciberacoso, el bullying en la escuela o la obesidad infantil” como problemas más importantes a tratar por los colegios. 

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