
- LAURA FOLE
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Con la llegada de la primavera, la piel experimenta cambios importantes tras los meses de frío. Las bajas temperaturas del invierno, la calefacción y la menor exposición solar suelen dejarla más seca, apagada y con acumulación de células muertas. Por eso, los expertos coinciden en que este es el momento ideal para adaptar la rutina de cuidado y prepararla para el aumento de la radiación solar y las variaciones de temperatura. Según las recomendaciones de marcas como Eucerin o Freshly Cosmetics, una correcta transición estacional puede marcar la diferencia en la salud y el aspecto de la piel durante los próximos meses.
Una piel que necesita renovación
El primer paso fundamental es la exfoliación. Tras el invierno, la piel acumula células muertas que apagan su aspecto y dificultan la absorción de los tratamientos. Realizar una exfoliación suave una vez por semana o cada 15 días ayuda a renovar la superficie cutánea y devolver la luminosidad.
Después, la hidratación se convierte en un pilar esencial. Con el aumento de las temperaturas, la piel puede deshidratarse o producir más grasa, por lo que conviene optar por texturas más ligeras. Ingredientes como el ácido hialurónico ayudan a retener la humedad sin aportar pesadez, mientras que la vitamina C actúa como antioxidante, protegiendo frente al daño solar y el envejecimiento prematuro.
La fotoprotección es otro punto clave. Aunque el uso de protector solar debería mantenerse todo el año, en primavera la radiación ultravioleta aumenta significativamente. Por ello, se recomienda utilizar a diario un SPF 50+, diseñado para ofrecer una protección avanzada frente a los rayos UV.
Más allá de lo que se ve
Además de la rutina básica, es importante prestar atención a áreas más delicadas como el contorno de ojos. Esta zona tiende a deshidratarse con facilidad, por lo que se aconseja utilizar productos específicos con ingredientes como péptidos o cafeína, que ayudan a reducir bolsas y ojeras.
La primavera también es una época complicada para las pieles sensibles o con tendencia a alergias. En estos casos, los expertos recomiendan utilizar productos calmantes que refuercen la barrera cutánea y protejan la microbiota de la piel.
Por último, el cuidado de la piel no depende solo de los productos externos. La hidratación interna es clave, por lo que beber suficiente agua contribuye a mantener la elasticidad cutánea. A esto se suma la alimentación en la que, aumentar el consumo de frutas y verduras ricas en antioxidantes y betacarotenos, puede ayudar a preparar la piel frente a la exposición solar y favorece un tono más saludable.
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