Es un hito histórico y un logro clave para la integridad del deporte mundial
Entre los atletas sancionados se encuentran la marchadora Elena Lashmanova, el lanzador de peso Nadzeya Ostapchuk, los saltadores Svetlana Shkolina y Ivan Ukhov, la vallista Natalya Antyukh y la lanzadora de martillo Tatyana Beloborodova.
Según Howman, el objetivo no ha sido únicamente castigar infracciones pasadas, sino enviar un mensaje claro: “Al analizar de forma incansable estos datos para identificar a los infractores, incluso años después, la AIU envió un mensaje inequívoco: el tiempo no protege los dopados. El dirigente subrayó que no existe límite para perseguir la verdad ni para la labor de la AIU.
Los casos se sustentaron en pruebas obtenidas tanto en la investigación independiente liderada por el jurista canadiense Richard McLaren en 2016, como en los datos recuperados en 2019 del laboratorio de Moscú por la Agencia Mundial Antidopaje. Entre estos se encontraba el sistema LIMS (Laboratory Information Management System), una base de datos que registraba muestras y resultados, y que mostraba manipulaciones destinadas a ocultar positivos.
El escándalo desveló un sofisticado sistema de dopaje respaldado por Rusia, en el que el laboratorio de Moscú desempeñó un papel central encubriendo resultados positivos con el apoyo de estructuras gubernamentales. El primer caso llevado por la AIU en 2017 fue el de la triplista Anna Pyatykh, sancionada con cuatro años tras detectarse sustancias prohibidas en un reanálisis de sus muestras del Mundial de Osaka 2007. Entre las sanciones más severas destaca la de la mediofondista Tatyana Tomashova, que recibió una suspensión de 10 años confirmada por el Tribunal de Arbitraje Deportivo por reincidencia.
También fueron suspendidas con ocho años la plusmarquista mundial de martillo Gulfiya Khanafeeva y Yelena Soboleva, plata en los 1.500 metros del Mundial de 2007.

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