TikTok, Discord, foros… Cada vez más adolescentes aseguran que se sienten “therian”: humanos por fuera, pero con una identidad interna vinculada a un animal, ya sean lobos, gatos, zorros o ciervos. El fenómeno no para de crecer en redes sociales y, claro, también empieza a asomar en conversaciones familiares donde la reacción suele ser una mezcla de desconcierto y miedo.
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante una moda de internet o ante algo que debería preocupar? Lo primero es separar conceptos. En la mayoría de los casos, el therianismo no implica creer literalmente que uno se ha transformado en un animal. Se describe como una vivencia simbólica, una forma de expresar cómo alguien se percibe por dentro.
Jan Dirk Blom, psiquiatra: “La licantropía clínica es extremadamente rara”
Aquí aparece una comparación que muchos hacen rápido, y mal: la licantropía clínica. El psiquiatra neerlandés Jan Dirk Blom publicó en 2014 una revisión titulada ‘When doctors cry wolf' en la que concluyó que “la licantropía clínica es extremadamente rara” y suele estar asociada a trastornos psicóticos graves.
Es decir, hablamos de un cuadro muy poco frecuente y con síntomas claros de pérdida de contacto con la realidad. No es lo mismo que el fenómeno therian que se mueve hoy en redes.
Desde la psicología de la identidad, el investigador Dan P. McAdams sostiene que las personas construimos quiénes somos a través de relatos. A veces esos relatos utilizan símbolos potentes. Para algunos jóvenes, lo animal representa fuerza, instinto, libertad o pertenencia. Decir “me siento lobo” puede ser una forma intensa de expresar que se sienten diferentes o que buscan su “manada”.
¿Y si ocurre en casa? La literatura sobre desarrollo adolescente es bastante clara: explorar identidades forma parte del crecimiento. La clave está en observar si existe deterioro funcional o creencias delirantes literales. Si no es así, la recomendación es menos dramática de lo que parece: escuchar antes de ridiculizar.
La mayoría de estas etiquetas evolucionan con el tiempo. Más que alarmas generalizadas, la ciencia habla de contexto, matices y paciencia.


Comentarios