- Estadísticas Así vivimos el España-Serbia
Para España todos los partidos son más que Finalissimas. Se habló de porteros antes del partido; después, se ató las botas y cayó fútbol del bueno. Así es imposible pelear contra el optimismo. Alérgica al aburrimiento, la selección española trituró a Serbia con tres golazos, dos de Oyarzabal, en estado de excelencia, y uno de Víctor Muñoz, un debutante subido a un cohete.
Bill Shankly, el hechicero y forjador del gran Liverpool, sentenció que el fútbol era tocar y moverse. Una frase de museo. Sin Beatles alrededor, España homenajeó al visionario. No había un futbolista que hiciera la estatua en el once con aroma a Mundial con el que inició De la Fuente la función. A falta de Nico Williams y Merino o Fabián en la foto, el resto de titulares era de partido serio. Entre ellos, Rodri, que recuperaba el puesto de mando.
A la sospecha de que se podía pensar en la Liga o la Champions, los españoles no se dejaron en el surtidor un centilitro de compromiso. España pobló el césped de tipos indetectables. No había nadie en el área para mosquear porque de repente aparecía un enjambre en el balcón del rival. Baena, Lamine, Llorente, Fermín o Pedri llevaban los cartuchos hasta Oyarzabal, el dueño de la escopeta.
Los dos goles de la primera mitad fueron esculturas. En el primero, tras un juego de precisión y amagos, se creó una sociedad entre Lamine, Fermín, Baena y Oyarzabal, que culminó este con un zurdazo por alto. El segundo, más alemán, llegó cuando Cubarsí rompió líneas, hiló con el realista y este desde fuera del área colocó el balón para hacer un cromo.
El despliegue de Fermín
En ese menú hay futbolistas como Fermín, sinónimo de hambre, que no tira un segundo al terraplén. Disputó 45 minutos como si se jugara la selectividad del fútbol. De Lamine, lo sabido, que cuando le llega el balón pasa algo, como un pase al poste de la meta serbia.
En vez de Messi, sus guardaespaldas y unos tipos que defienden el territorio albiceleste con el espíritu Peaky Blinders, apareció Serbia, patria del deporte genial fuera de cánones, que en fútbol vivió tiempos más fiesteros. Entrenados por Paunovic, estuvieron correctos hasta que Oyarzabal quitó el tapón al partido.
Con la caravana de cambios hubo minutos para Víctor Muñoz, un chico supersónico que arrugó la banda derecha serbia. Sopló la tarta del debut con un gol de congreso tras un pase de Dani Olmo y un taconazo de Ferran Torres. Parecía que estaba prohibido meter goles feos.
Serbia, que sólo apareció en un gol anulado de Birmancevic, soportó el chaparrón en las barbas de su portero. Para España no existe un partido de broma. De la Fuente, más allá de debates de goma, dispone de un grupo engrasado. El verano promete.

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