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Durante décadas, la inmensa mayoría de quienes pasamos por las aulas de la EGB vivimos convencidos de que aquel coche plateado era un ejemplar solitario. Pero no es verdad que solo existiera un coche creado (en la ficción) por el doctor Emmett Brown. Sucede lo mismo en cualquier película donde un vehículo asume el protagonismo en mayor o menor medida; se requieren varios 'actores de chapa' para la multitud de escenas. Y, en este caso, fueron siete las unidades del DeLorean DMC-12 que participaron en la saga. Fue un auténtico elenco de estrellas que, en algunos casos, vivieron odiseas dignas de un guion de Hollywood.
El punto de partida era el DeLorean original de principios de los ochenta. Aquel diseño de Giorgetto Giugiaro ya destilaba un aire futurista y extravagante, ideal para transformarse en una máquina del tiempo capaz de saltar entre siglos. Cada unidad recibió modificaciones específicas atendiendo a las exigencias del guion. El más relevante de todos fue el apodado “Hero Car” o Coche A. Esta pieza central se reservó para los planos más cercanos junto a Marty McFly y Doc. Los técnicos lo mimaron durante el rodaje de las tres películas, pero el destino le guardaba un giro amargo. Tras finalizar la producción, el icónico DeLorean acabó olvidado en un almacén de Universal Studios. Allí pasó años deteriorándose, sepultado bajo el polvo y el olvido. Su estado llegó a ser tan lamentable que los expertos temieron por su supervivencia definitiva. Mientras estuvo a la intemperie, algunos seguidores de la saga arrancaban trozos del cableado exterior como recuerdo.
El reto de la restauración
Afortunadamente, en 2012 se puso en marcha una restauración titánica liderada por el guionista Bob Gale junto a un equipo de fans devotos. Aquel trabajo resultó casi arqueológico. Tuvieron que localizar piezas idénticas a las usadas en 1985 para reconstruir el condensador de fluzo y los reactores traseros. Buscaron componentes de ordenadores antiguos y restos de motores de propulsión para que cada tornillo fuera exacto al original. Hoy, ese coche brilla con luz propia en el Petersen Automotive Museum de Los Ángeles. Es una pieza de museo sagrada para millones de seguidores. Calcular su valor actual resulta imposible, y de hecho alcanzaría cifras de varios millones de euros en una subasta, dado que algunos de aquellos niños son ahora coleccionistas con cuentas corrientes muy saneadas.
Acompañando al protagonista, existía el Coche B, conocido como el vehículo de las acrobacias. Este ejemplar asumió las escenas de riesgo y conducción agresiva. Carecía de los acabados perfectos del modelo principal porque su fin era recibir golpes. Su despedida fue dramática; terminó destrozado por un tren en la escena final de la tercera entrega. Lo que quedó de él se vendió por piezas o se utilizó para decorar las réplicas de los parques temáticos. Jamás volvió a rodar de forma íntegra.
Un coche diseccionado
El Coche C cumplía una función, digamos, técnica: los mecánicos lo cortaron en varias secciones para permitir que las cámaras de cine entraran en el habitáculo. Gracias a esta 'cirugía', pudimos ver los primeros planos de Marty consultando el panel de fechas o el interior del salpicadero. Actualmente, esta unidad descansa en una colección privada, conservando esas cicatrices que permitieron rodar la magia desde dentro.
Para la segunda parte de la trilogía, cuando el futuro nos prometía viajar por el cielo, se fabricaron estructuras de fibra de vidrio. Estas carcasas carecían de motor y transmisión. Eran piezas diseñadas para colgar de cables o ser manipulados por operarios mientras las ruedas se plegaban para el vuelo. Casi todas estas maquetas desaparecieron tras el rodaje, víctimas de su propia fragilidad.
La tercera película exigió retos todavía mayores. Los técnicos prepararon dos unidades adicionales para rodar en el desierto. Una de ellas montaba un motor de Volkswagen y una estructura de chasis tipo buggy para soportar la arena y los saltos entre cactus. La otra unidad recibió ruedas metálicas para deslizarse sobre las vías del tren de 1885. El coche del desierto todavía existe y permanece en manos de un entusiasta particular que protege aquel legado como si fuera oro puro.
Resulta curioso recordar que el DeLorean original siempre pecó de ser un vehículo lento y propenso a las averías. Para que el público percibiera potencia, el equipo de sonido grabó el rugido de un motor Chevrolet V8 y lo superpuso en el montaje. Cuando Marty pisaba el acelerador, de un coche en Estados Unidos, que menos qué menos que escuchar un rugido atronador.




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