
- LAURA FOLE
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Los hábitos de vida juegan un papel clave en la salud del corazón. Dormir bien, mantenerse activo y seguir una alimentación equilibrada son tres pilares fundamentales que, combinados, pueden marcar una gran diferencia. Así lo confirma un estudio publicado en la revista European Journal of Preventive Cardiology, que analiza cómo estos factores influyen conjuntamente en el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. La investigación se centra en tres elementos conocidos como SPAN (sueño, actividad física y nutrición) y evalúa cómo sus distintas combinaciones afectan a la probabilidad de padecer eventos cardiovasculares graves, como infartos, ictus o insuficiencia cardíaca.
Una combinación mágica
El estudio analizó a más de 53.000 personas del Biobanco del Reino Unido durante un seguimiento medio de ocho años. Durante ese tiempo se registraron más de 2.000 eventos cardiovasculares graves, lo que permitió establecer relaciones claras entre los hábitos diarios y la salud del corazón. Los resultados muestran que, las personas con una combinación óptima de hábitos (dormir entre 8 y 9,4 horas al día, realizar entre 42 y 104 minutos diarios de actividad física moderada o intensa y mantener una dieta de buena calidad) tenían un 57% menos de riesgo de sufrir eventos cardiovasculares adversos.
Incluso niveles intermedios de estos hábitos ya suponían beneficios importantes. Una puntuación media en estos tres factores se asoció con una reducción del 41% en el riesgo de problemas cardiovasculares, lo que indica que no es necesario alcanzar niveles perfectos para obtener mejoras significativas en la salud.
Pequeños cambios para grandes resultados
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que, incluso pequeñas mejoras en el estilo de vida, pueden tener un impacto positivo. Según los datos, aumentar en apenas 11 minutos el tiempo de sueño diario, añadir unos 4,5 minutos de ejercicio y mejorar ligeramente la calidad de la dieta ya se asocia con una reducción del 10% en el riesgo cardiovascular. Además, estos beneficios se observaron en distintos tipos de problemas cardíacos. La mejora de los hábitos se relacionó con un menor riesgo de insuficiencia cardíaca, menor riesgo de infarto de miocardio y menor riesgo de accidente cerebrovascular.
El estudio publicado en la web citada con anterioridad, también señala que no se detectaron efectos sinérgicos entre los tres factores, es decir, cada uno aporta beneficios por sí mismo, aunque su combinación sigue siendo clave para lograr una mejor protección global. Incorporarlos, además, es muy sencillo por lo que una mejora efectiva de nuestra salud cardiovascular está al alcance de nuestra mano.
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