
- LAURA FOLE
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Correr ha sido durante años el rey del cardio para perder peso, pero siempre puede surgir la duda de si es realmente la opción más eficaz. Un experimento reciente, del que se ha hecho eco la revista Runner's World, pone en duda esta idea. A través de mediciones con tecnología avanzada, se compararon distintos ejercicios para analizar no solo cuántas calorías se queman, sino también de dónde proceden, si de la grasa o de los carbohidratos.
No todos los ejercicios queman grasa igual
El experimento se llevó a cabo con dos participantes con distinto nivel físico, lo que permitió observar cómo la condición influye directamente en los resultados. Para obtener datos precisos, utilizaron una máscara metabólica, considerada el método más fiable para medir el gasto energético real, ya que analiza el oxígeno consumido y el dióxido de carbono producido durante el ejercicio.
Uno de los hallazgos más llamativos fue que, los entrenamientos de alta intensidad, como los sprints o el HIIT, generan un alto gasto calórico en poco tiempo, además de activar el llamado efecto 'postcombustión', que permite seguir quemando calorías después del ejercicio. Sin embargo, la mayoría de esas calorías proceden de los carbohidratos, no de la grasa.
En contraste, actividades más suaves como caminar resultaron ser las más eficaces en términos de oxidación de grasa, hasta un 80% de las calorías quemadas provenían de este sustrato. Algo similar ocurre con el cardio en ayunas, que también aumenta el uso de grasa como fuente de energía, aunque no necesariamente implica una mayor pérdida de grasa a largo plazo.
El trote, por su parte, se mantiene como una opción equilibrada, ya que quema muchas calorías totales y combina el uso de grasa y carbohidratos, lo que lo convierte en una herramienta eficaz, aunque no siempre la más eficiente en términos específicos.
Se debe tener en cuenta el contexto
Uno de los mensajes más importantes del experimento es que, quemar grasa durante el ejercicio, no equivale automáticamente a perder grasa corporal. Como explican los expertos citados, el factor determinante sigue siendo el balance energético total a lo largo del día o la semana.
Además, variables como el nivel de forma física o el sexo influyen significativamente. De hecho, investigaciones de la Universidad de Bath han demostrado que estos factores son clave en la capacidad de una persona para utilizar la grasa como fuente de energía. Otros ejercicios analizados, como la natación, el boxeo o el entrenamiento en máquinas como la StairMaster, también mostraron buenos resultados en gasto calórico, especialmente al involucrar grandes grupos musculares o mantener una intensidad sostenida.
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