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Reportajes Marca

Garbajosa

Opinión de....

Ramón Trecet

Conocí a Jorge cuando con 17 años tuvo que formar pareja con Nicola porque los pivots titulares del Tau, Ramón Rivas y Green, estaban lesionados. Era un duro partido en la antigua Yugoslavia y el Tau se jugaba el pase a semifinales en la entonces Recopa, que luego ganaría el equipo de Vitoria. Allí estaba Garbajosa, en el centro de la zona, aguantando como un campeón las embestidas de los pivots balcánicos como si fuese un veterano con diez años más. Y sí, diez años después esta con la misma actitud en la NBA. Un portento.

Tras aquel comienzo, Garbajosa se afirmó en el Tau, primero como gran promesa y luego como esplendida realidad. Las urgencias del presidente del Tau para ganar títulos no permitieron una continuidad estable, pero a pesar de ello Garbajosa se situó muy bien para ir al equipo de la década, la Benetton de Treviso entrenada (la squadra) por Mike D’Antoni. El lugar preciso en el momento oportuno. Un baloncesto rutilante, con el balón circulando a la velocidad de la luz, el número de pases preciso para el tiro fácil o la penetración cortante… Que belleza. Ver un partido de aquella Benetton era la felicidad estética. Y Jorge estaba en ese equipo. El sentido común que siempre ha tenido encontró la situación perfecta en el baloncesto que practicaba el equipo de Mike D’Antoni.

De allí, al Unicaja. Ahora más que nunca saben en Málaga lo importante que Jorge era en el equipo campeón de liga de la pasada temporada. El chico de oro, convirtiendo en oro todo lo que toca. Y luego… Saitama.

Si quedaba alguna duda sobre la maduración en la transformación del juego de Jorge, el mundial nos ofreció unos destellos prodigiosos. Garbajosa es en este momento uno de los mejores, si no el mejor, defensores del mundo en la pintura. Que le pregunten a Nowitzki. Que le pregunten a Schortzanitis en la final. Un juego de pies de peso pluma que me recuerda al jugador que mejor marco a Kareem Abdul Jabbar en el cenit del mítico pívot de los Lakers: M.L.Carr

Luego en ataque, jugando prácticamente de “tres”, con un tiro exterior de regla y cartabón y sobre todo una lectura de la circulación y los bloqueos de ingeniero aeronáutico, abriéndole huecos a los otros pivots.

Con ese sentido común, con lo inteligente que es, es normal que haya triunfado en un baloncesto tan poco inteligente como el actual de la NBA. Y todo eso sin perder nunca el oremus, siempre perfectamente orientado, el comentario prudente, la grandeza de espíritu. Que gran ejemplo como ser humano y baloncestista es Jorge Garbajosa.

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