El 11 de enero de 2026, Jon Erice salió del Municipal de Gobela con un 4-1 en el bolsillo frente al Real Madrid Castilla y la satisfacción tranquila de quien ha hecho bien su trabajo. Al otro lado del túnel, Álvaro Arbeloa recogía sus cosas sin saber que aquella sería su último partido como entrenador del filial blanco.
Pocas horas después, era el técnico del primer equipo del Real Madrid. Semanas más tarde, había eliminado de la Champions a José Mourinho, a Pep Guardiola, y el pasado domingo despachaba en el derbi a Diego Pablo Simeone. Tres de los mejores entrenadores del planeta en menos de dos meses. Y el último que le ganó antes de todo aquello sigue dirigiendo al equipo con el presupuesto más bajo de los 40 de Primera Federación, en un municipio de Vizcaya donde la historia del fútbol español tiene raíces más profundas de lo que la mayoría recuerda.
Jon Erice llegó al Arenas de Getxo el verano pasado por casualidades de la vida. Pamplonés de 38 años (ahora 39), centrocampista reconvertido en entrenador casi por accidente —una lesión, una destitución y una propuesta que llegó en el momento exacto en que no la esperaba—, aterrizó en Getxo porque el proyecto le cuadraba y porque, como él mismo reconoce, "necesitaba estar cerca de casa".
Lo que encontró fue un club fundador de la Liga española, ganador de la Copa del Rey en 1919, que lleva décadas compitiendo en la sombra de un Athletic que ha fagocitado, con toda su grandeza, el oxígeno del fútbol vizcaíno. "La magnitud del Athletic ha condicionado a los equipos de alrededor durante muchos años", comenta. Aunque también matiza lo que eso implica en la práctica: "Si no hubiéramos tenido al Athletic en verano, hubiéramos tenido muchísimas dificultades para plantear las dieciocho fichas profesionales obligatorias". Dependencia y gratitud, las dos caras de vivir a la sombra de un gigante.
La salvación como objetivo
Lo que está haciendo el Arenas esta temporada tiene una palabra que Erice acepta con algún matiz: milagro. El presupuesto más bajo de los 40 equipos de Primera RFEF, una plantilla plagada de jugadores jóvenes convencidos por el proyecto y una filosofía de trabajo que se resume en una sola frase suya: "No por tener más dinero aciertas más, pero sí tienes más opciones para equivocarte". A los chavales no los convence con discursos. "Al joven se le convence con hechos", dice, y añade que el objetivo nunca va más allá de la semana siguiente: "No tenemos ni capacidad, ni fuerza, ni energía para irnos más allá de ese partido".
No me iría lejos si digo que el 60% de la plantilla del Castilla puede jugar en Primera División
El 11 de enero, cuando se le pregunta por esa fecha, Erice tarda un segundo en situarse. Lo primero que recuerda no es el marcador sino el contexto: último partido en Gobela antes de cerrar la primera vuelta, el cambio de directiva recién producido, un día cargado de emociones para el club. Luego llega el 4-1 endosado al filial madridista, y con él la conciencia de haber hecho algo poco habitual. "Solo Tenerife y nosotros hemos conseguido ganarle así al Castilla", recuerda.
Y, contra todo pronóstico, lo que esa victoria le dejó por dentro no fue una euforia desbordada: "Me hizo pensar que estoy al nivel de los que nos rodean como entrenador". Arbeloa y él se dieron la mano en el saludo inicial. Después, la arquitectura peculiar de Gobela hizo el resto. "Arbeloa salió disparado para abajo y ya no nos volvimos a cruzar", cuenta. Nadie se imaginaba que unas horas después estaría firmando como entrenador de todo un Real Madrid.
Los vaciles llegaron desde casa, donde más gracia tienen. Sus hermanos le mandaron fotos, mensajes y alguna broma. Pero la mejor parte de esa historia tiene una vuelta de tuerca que lo dice todo sobre la visibilidad de la Primera Federación: "Mis hermanos no sabían que Arbeloa entrenaba al Castilla hasta que salió la noticia de que le daban el Madrid". Se enteraron de que había perdido contra Jon el mismo día en que su rival ascendía al olimpo del fútbol europeo.
Arbeloa habla del escudo, de la magnitud del club, de lo que significa el Real Madrid. Eso le llena a Florentino
Sobre el papel, a Erice le parece cuestionable la previa destitución de Xabi Alonso que desencadena el ascenso de Arbeloa —"estaba a cuatro puntos del Barça, en el top 8 de Champions y en Copa, para mí es totalmente injusto"— y cree que el relato sobre el nuevo técnico se está construyendo con demasiada prisa. "Es muy difícil analizar a Álvaro en dos meses", advierte. Lo que sí le concede es que ha sabido leer el escenario institucional con una inteligencia que Xabi no llegó a mostrar públicamente: "Arbeloa habla del escudo, de la magnitud del club, de lo que significa el Real Madrid. Eso le llena a Florentino".
El mérito de la cantera
Donde sí encuentra un mérito genuino en Arbeloa es en la apuesta por la cantera. "Ahí Álvaro está dejando su sello, está dándoles un espacio importante", dice, y tira del hilo con la pasión de quien lleva meses siguiendo al Castilla de cerca. Menciona a Pitarch, ya titular habitual, a Palacios —"un jugador extraordinario"— y a Jacobo Ortega y Ciria, dos chavales que debutaron hace semanas en Lugo y se fueron con tres goles entre los dos. "No me iría lejos si digo que el 60% de la plantilla del Castilla puede jugar en Primera División", sentencia.
Sin Valverde, el Madrid es un equipo completamente diferente
En cuanto al verdadero motor del equipo, su nombre no es Mbappé ni Vinicius ni Courtois. "Sin Valverde, el Madrid es un equipo completamente diferente", sentencia, añadiendo que es el futbolista al que le robaría, justo por encima del meta belga. Y sobre el gran argumento de estas semanas, el de los tres grandes derrotados, Erice lanza la reflexión más incómoda y también la más honesta: "No creo que Arbeloa haya ganado a Guardiola. Creo que el Real Madrid ha eliminado al City. Esté quien esté, el Madrid va a seguir ganando".
En el fondo de todo, debajo del 4-1 y de las ironías y vaciles familiares, hay una idea que Erice sostiene con firmeza y que resume mejor que nada lo que está pasando este año en Gobela. "El fútbol es el único deporte que te permite competir en una gigantesca desigualdad y conseguir un resultado positivo", dice. Jon Erice lo vive cada semana con el presupuesto más bajo de su categoría. Arbeloa, desde el banquillo más exigente y cuestionado del mundo.


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