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A Arbeloa se le acaban los centrales

Con cinco zagueros caídos, tres del primer equipo y dos del Castilla, el técnico apura al límite para recuperar el liderato

Rüdiger y Tchouaméni en la final de la Supercopa de España.
Rüdiger y Tchouaméni en la final de la Supercopa de España.EFE
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Cuando el calendario aprieta y el botiquín no da abasto, la pizarra se convierte en el escenario más complejo del fútbol. Arbeloa lo sabe y afronta el partido ante el Getafe con la defensa hecha un rompecabezas al que le faltan piezas. Militao lleva semanas fuera, Huijsen arrastra unas molestias en el gemelo que se han enquistado más de lo previsto y Asencio se sumó esta semana a la lista tras un golpe fortuito con Camavinga ante el Benfica que le dejó una contractura cervical. Tres nombres, tres ausencias y una línea defensiva que trae recuerdos de Vietnam.

Y si el primer equipo está en cuadros, la cantera tampoco ofrece el salvavidas esperado. Dos de las opciones más naturales para cubrir la posición desde el Castilla están también en el dique seco: Valdepeñas, quien ya debutó en Liga, sufre un esguince de rodilla de grado 2 que le tendrá fuera unas cinco semanas, y Joan Martínez, que arrastra una microrrotura del psoas con una baja estimada de tres semanas. La manguera de emergencia, cortada también. El filial, que en teoría debería ser el colchón ante estas situaciones, no puede amortiguar el golpe esta vez.

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Lo que queda en pie son Rüdiger y Alaba. Una pareja que, sobre el papel, tiene nombre y un nostálgico recorrido, pero que en la práctica lleva sin coincidir de titulares desde el 1 de marzo del año pasado, cuando el Madrid cayó ante el Betis. Y antes de eso había que remontarse hasta diciembre de 2023, en un partido ante el Villarreal, para encontrar la última vez que formaron juntos. Ese intervalo habla de lesiones acumuladas, de gestión del esfuerzo y de una sociedad que nunca ha podido asentarse del todo. Ponerles ahora en el campo, con el Manchester City a la vuelta de la esquina, es una apuesta con matices.

Porque ahí está el verdadero nudo del problema. Rüdiger es, a día de hoy, el central más fiable del equipo, pero saturarle antes de los octavos de Champions sería un lujo que Arbeloa difícilmente puede permitirse. El alemán tiene cuerda, sí, pero no infinita. Y ante el Getafe, la tentación de tirar de él durante 90 minutos es comprensible, aunque no necesariamente la más inteligente.

La solución más razonable pasa por Tchouaméni. El francés ya ha ejercido de central en situaciones de urgencia, la más reciente en la final de la Supercopa ante el Barça, aunque aquel partido fue un ejercicio de adaptación constante. Central, pivote, lo que hiciera falta para achicar agua. No es su posición natural, y él mismo lo sabe, pero la tiene asumida con solvencia para este tipo de imprevistos.

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Pitarch, a escena

Si Arbeloa opta por bajarle al eje de la zaga, se abre un hueco en el mediocampo que podría ocupar Thiago Pitarch, uno de los canteranos que más ha convencido en los escasos ratos que ha tenido con el primer equipo. Las bajas de Ceballos y Bellingham, paradójicamente, le abren la puerta a un jugador que partió la temporada como futbolista con ficha del Juvenil A.

El Madrid llega al partido contra el Getafe habiendo cedido el liderato al Barça tras tropezar ante Osasuna. No hay margen para especular. El equipo está obligado a ganar si quiere seguir dependiendo de sí mismo en la Liga. Y Arbeloa tendrá que resolver, en las próximas horas, una ecuación que no tiene una única solución correcta, sino varias posibles, todas ellas con su coste. La gestión del talento disponible, en este caso, importa tanto como el talento en sí.

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