
El 12 de enero de 2026, Álvaro Arbeloa se sentó en el banquillo del Real Madrid. Desde entonces, no ha perdido un partido de liga. Cinco partidos, cinco victorias, las mismas con las que arrancaron sus mandatos José Quirante en 1929, Enrique Fernández en 1953 y Manuel Pellegrini en 2009. Tres nombres que suenan a otra época porque lo son.
En este caprichoso guarismo quedan solo dos por delante. El primero es su precedesor, Xabi Alonso, con seis. El segundo es Vanderlei Luxemburgo, quien en enero de 2005 —casi en las mismas fechas del calendario, salvando veinte años— tomó el mando de una constelación de galácticos y encadenó siete victorias seguidas. Llegó con el Madrid en quinta posición y a 13 puntos del Barça, y con sus siete triunfos lo recortó hasta cuatro.

Su debut, además, fue una rareza que, por suerte, no se ha repetido. Apenas seis minutos de partido, la reanudación de un choque contra la Real Sociedad que había sido suspendido por una falsa alarma de bomba en el Santiago Bernabéu. Suficiente para ganar y para instalarse. Implantó el llamado Cuadrado Mágico, un 4-2-2-2 de inspiración setentera que obligaba a Beckham y a Figo a salir de su posición natural. Funcionó, mientras funcionó.
La séptima victoria de Luxemburgo llegó precisamente en Pamplona. El mismo estadio donde Arbeloa puede conquistar la suya este sábado y acercarse a un empate. Pero el brasileño no llegó al octavo. El Athletic Club frenó la racha y con ella se fue parte de la ilusión. El Madrid de aquella temporada acabó segundo.
La comparativa directa entre los tres técnicos en sus primeros cinco partidos ligueros, sin embargo, habla por sí sola: Luxemburgo anotó 13 goles y encajó 3, con una diferencia de +10; Arbeloa marcó 12 y encajó solo 2, también +10. Xabi Alonso, más conservador con 8 goles a favor, fue el más sólido en defensa. Los números de Arbeloa son, en términos ofensivos, casi calcados a los del brasileño.
Lo que diferencia este arranque de otros, y lo que quizás no aparece en ninguna tabla, es el peso del calendario. Arbeloa sobrevivió al ambiente más hostil posible en su debut: el Santiago Bernabéu silbando a sus propios jugadores, con Vinicius y Bellingham en el punto de mira de una afición que ya había perdido la paciencia. Ese primer partido ante el Levante fue, en la práctica, jugar de visitante en casa propia.
Dos salidas meritorias
Después vinieron La Cerámica y Mestalla, dos desplazamientos que en LaLiga nunca son un trámite. La más sufrida de todas llegó ante el Rayo Vallecano, con un penalti a favor en el minuto 100 que salvó la victoria cuando ya todo parecía precipitarse hacia el empate. Y la más llamativa, sin duda, fue la goleada 4-1 a la Real Sociedad. Sin Kylian Mbappé en el campo. El hombre que debería ser el faro ofensivo del equipo se quedó fuera, y el Madrid respondió con su mejor resultado de la serie.
Este sábado, El Sadar. Si gana, Arbeloa igualará a Xabi Alonso. Si en la siguiente jornada también suma los tres puntos ante el Getafe, habrá igualado a Luxemburgo. Y si va más allá, se adentrará en un territorio en el que nadie ha estado antes en la historia del Real Madrid. Todo eso sin haber esperado este momento y mediante una virtud mayor de lo que nadie calculó.
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