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Detenerse hoy frente a un surtidor en cualquier carretera española genera una sensación de intranquilidad, cuando no angustia. Con la gasolina de 95 escalando hasta los 1,74 euros/litro y el gasóleo disparado hasta los 1,85 euros, el conductor percibe que su cuenta bancaria sufre un asalto constante cada vez que la manguera hace clic. Resulta sencillo imaginar que el dueño de la estación de servicio se frota las manos mientras los precios suben, pero a lo mejor te llevas una sorpresa cuando 'destripemos' cada céntimo de ese billete de 50 euros con el que ahora tal vez solo llenes medio tanque.
Hacienda siempre gana
El principal beneficiado de cada subida, por una cuestión de simple porcentaje, es el Estado. El fisco siempre gana, y eso es así tanto si el petróleo fluye con abundancia como si escasea por las guerras. Cuando pagas 1,74 euros/litro por la gasolina, unos 77 céntimos viajan directamente a las arcas públicas. Y esta enorme tajada se incluye dos grandes bloques; el Impuesto Especial sobre Hidrocarburos, que permanece fijo por volumen, y el IVA del 21%.
El 'truco' para Hacienda está en que, al ser el IVA un impuesto proporcional al precio final, cada vez que el combustible sube de precio la recaudación pública también aumenta. Así, Hacienda recolecta más dinero hoy que hace un 15 días porque el precio base es mayor, convirtiéndose en el que siempre se lleva la mejor parte del pastel sin haber tenido que hacer nada. De esta manera, un aumento de 10 céntimos en el precio del litro implica unos 2 céntimos adicionales de IVA para las arcas públicas.
Si miramos el gasóleo, que ahora va por 1,85 euros/litro, la situación es parecida para nuestro bolsillo. Es cierto que el Impuesto Especial es algo menor para favorecer al transporte profesional, pero el Estado se embolsa cerca de 70 céntimos por cada litro de diésel que echamos a nuestro coche.
Esto significa que, ante el alza de precios, el Gobierno experimenta un 'viento a favor' en sus presupuestos, mientras las familias deben recortar gastos de aquí y allá para poder ir a trabajar.
El beneficio de petroleras y refinerías
Tras la administración pública, el siguiente gran beneficiado de este alza de precios son las compañías petroleras y las refinerías. En este sentido es muy importante el llamado margen de refino, que alude al coste de transformar ese petróleo crudo en algo que tu coche pueda quemar. El problema es que las grandes multinacionales aprovechan la incertidumbre bélica para elevar estos márgenes, escudándose en la posible falta de suministro futuro.
A día de hoy, la materia prima y este procesamiento representan cerca de 84 céntimos/litro en el caso de la gasolina y superan el euro en el gasóleo debido a la escasez global. Son estos gigantes energéticos los que realmente ven multiplicados sus dividendos, mientras el conductor suspira al pasar la tarjeta por el datáfono.
Se necesita logística
Tampoco podemos olvidar en este reparto de la tarta a la logística. El transporte de la gasolina y el gasoil desde los centros de almacenamiento hasta el surtidor requiere almacenamiento, el transporte por oleoductos o camiones cisterna y echar al combustible los aditivos necesarios para cumplir con normativa europea. Además, España obliga a mezclar los carburantes con una cuota mínima de biocarburantes, productos de origen vegetal que suelen ser bastante más caros que el petróleo fósil. En total, todos estos pasos 'consumen' más o menos otros 10 céntimos de cada litro que repostas.
Estaciones de servicio
¿Y qué ocurre entonces con el dueño de la estación de servicio que nos atiende cada mañana? La creencia popular lleva a pensar que se están enriqueciendo con este alza, pero su margen de beneficio neto es menor de lo que te imaginas. De esos 1,74 euros que cuesta la gasolina, el propietario del negocio apenas cobra unos 7 céntimos y retiene entre 3 y 5 céntimos de beneficio real, una vez descontados todos sus costes operativos. Porque no podemos olvidar que ellos deben pagar la electricidad para que funcionen los surtidores, mantener las instalaciones, pagar a sus empleados y, además, resignarse al zarpazo de las comisiones bancarias cuando el cliente paga con tarjeta.
Cuando el combustible sube de precio, el dueño de la gasolinera puede incluso llegar a perder dinero, porque la gente coge menos el coche y evita en mayor medida comprar otros productos (un bollo, pan, chicles...). Es decir, que el encarecimiento actual daña a la pequeña gasolinera de tu barrio, que ve cómo sus ventas caen mientras sus gastos fijos no lo hacen.
Es decir, que este subidón de precios beneficia de forma desproporcionada a quien menos riesgo asume: a las petroleras, que venden más caro por el 'miedo' a la escasez, y al Estado, que recauda más por el IVA. Así, Hacienda se está llevando un excedente de dinero imprevisto que los conductores le reclaman para aliviar el precio final del surtidor.




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