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Regalo sin precedentes: Van der Poel gana en E3... ¡tras un error imperdonable de los perseguidores!

Mathieu, que llegó 'atufado' y pudo perder una cita donde era claramente favorito, pone su pica en Flandes con vistas a ‘De Ronde’

Regalo sin precedentes: Van der Poel gana en E3... ¡tras un error imperdonable de los perseguidores!
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Las clásicas flamencas tienen una mística especial. Sus ascensiones, repletas de historia y aura, enamoran a propios y extraños cada año debido a sus porcentajes imposibles y a sus exigentes adoquines. Por ello, durante el mes de marzo y abril, los aficionados realizan su particular peregrinación hacia una región de Flandes que acoge a la mayor parte de las estrellas del pelotón.

Tras la victoria de Dylan Groenewegen en la Ronde van Brugge, la E3 Saxo Classic, anteriormente conocida como E3 Harelbeke, acaparó todas las miradas en vísperas de la gran misa pagana que tendrá lugar el próximo domingo en Oudenaarde. Y no es para menos, ya que esta prueba, también conocida como ‘El Pequeño Tour de Flandes’, presenta buena parte de los principales atractivos de ‘De Ronde’: el Oude Kwaremont —cuyo primer paso este año se ascendió por una vertiente nueva—, el Paterberg o el Taaienberg, entre otros míticos muros.

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Durante las últimas campañas, Harelbeke ha tenido como dominador a un Mathieu van der Poel que ha hecho de Flandes su territorio de caza. Este curso no fue diferente. En una demostración de potencia y habilidad a la altura de los mejores clasicómanos de la historia, el neerlandés ha puesto su tercera pica en la E3 Saxo Classic, igualando así a ciclistas del bagaje de Jan Raas y Fabian Cancellara.

Calma tensa

Los kilómetros iniciales fueron la viva imagen de lo que representan las competiciones flamencas: exigencia, adoquines y un ritmo infernal. Estos ingredientes, sobradamente conocidos por todos los corredores, provocaron que el grupo cabecero, compuesto por seis ciclistas, y el terceto perseguidor tardaron en asentarse más de 40 kilómetros. A lo largo de este primer tramo, la carrera, que transcurría con relativa calma, estuvo completamente controlada por un pelotón que mantuvo a cabeza de carrera oscilando siempre los 3’30”.

La aproximación al Oude Kruisberg, el primer muro de verdadera entidad de la prueba, cambió por completo el ‘tempo’ del pelotón, lo que provocó que la diferencia que separaba a cada uno de los tres grupos comenzase a reducirse con gran celeridad. Los movimientos estratégicos de los ‘outsiders’, que buscaban sorprender a un pelotón en el que Van der Poel aguardaba al momento decisivo, dieron comienzo en el Karnemelkbeekstraat. El caos comenzó y los corredores peligrosos se apuntaron a la fiesta.

A falta de 75 kilómetros, Florian Vermeersch, uno de los favoritos a la victoria, sufrió un inoportuno problema mecánico que lastró mucho sus opciones. Sin embargo, el parón en el grupo de favoritos, que fue aprovechado por Cortina para realizar un movimiento que no terminó de cuajar, permitió al belga del UAE volver al pelotón. Ya en el Taaienberg, Tim van Dijke desató las hostilidades en un grupo de favoritos en el que únicamente consiguió resistir Van der Poel. Contrarreloj a dúo.

Exhibición para el recuerdo

Lejos de buscar cooperación, el neerlandés del Alpecin lanzó un demarraje al que no logró responder ninguno de sus rivales. A medida que transcurrían los kilómetros, Van der Poel fue atrapando ciclistas hasta llegar a un grupo cabecero que vio como sus opciones, que ya eran reducidas, se esfumaron. Exhibición portentosa.

El Paterberg, con sus porcentajes imposibles, fue el terreno elegido por Van der Poel para dar el golpe definitivo a una prueba en la que, desde su pistoletazo de salida, partió como el principal contendiente a la victoria. En el grupo trasero, el descontrol era palpable y el podio estaba en juego. En el tramo decisivo, Vermeersch, Hagenes, Dewulf y Abrahamsen lograron aventajar el pelotón y formar un cuarteto cabecero que tenía el claro objetivo de subir a los escalones.

Los últimos 14 kilómetros eran terreno propicio para rodadores, lo que permitió a los perseguidores recortar de forma notable la diferencia con Mathieu van der Poel. La victoria dejaba de estar asegurada y el grupo olía sangre. El neerlandés comenzó a mirar hacia atrás y sus gestos de fatiga eran evidentes. El cuarteto perseguidor llegó a rozar el triunfo con la yema de los dedos, pero la vigilancia —difícil de entender— terminó por dar aire al corredor del Alpecin, que sacó fuerzas de flaqueza para imponerse por tercera vez consecutiva en Harelbeke. 

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