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En contra de los que pensaban que Pete Sampras estaba acariciando
cada vez con más convencimiento la idea de una jubilación dorada,
y que estaba sólo a la espera de volver a perder en Wimbledon
para anunciar que dejaba el tenis acompañado por la veneración
de todo el mundo de la raqueta al impresionante palmarés que se
ha labradado a lo largo de casi quince años de carrera han quedado
defraudados. Pete Sampras ha vuelto a perder en Wimbledon (Roger
Federer le hizo encajar en lunes su primera derrota en cinco años,
que también es su segunda en ocho) y no se ha rasgado las vestiduras
blancas ni ha dicho en una emotiva rueda de prensa “mi carrera
ha terminado”. No. Mucho más convencional, Pete Sampras reconoció
la calidad de Federer, al que auguró un gran futuro, y sobre sí
mismo apenas comentó que “el próximo año volveré a estar aquí,
y entonces espero ganar de nuevo”.
Y la verdad es que si analizamos a Pete Sampras tal reacción
no sólo no debía ser inesperada, sino que además era la más probable.
El estadounidense, número uno mundial de 1993 a 1998, vencedor
de más de sesenta torneos ATP Tour, de trece Grand Slam (el que
más ha ganado en la historia) con nada menos que siete Wimbledon
entre ellos y cuatro Masters, ha sido un siempre un prodigio de
facilidad y juego elegante, pero por lo mismo más bien de comodidad
que de entrega y sacrificio. A Pete Sampras le hemos visto jugar
partidos míticos, sí, pero en los que él ha llevado la voz cantante,
porque sufrir en la pista en realidad, apenas en aquel partido
del US Open que en 1996 ganó a Corretja y en la final de Copa
Davis ante Rusia en la que tuvo que salir de la pista en camilla.
Quiere esto decir que a Sampras los gestos heroicos no le van,
y por tanto su retirada no está próxima ni mucho menos por más
que haya vuelto a perder en Wimbledon. La clave podemos encontrarla
en sus palabras de hace pocos dias “He hecho mucho por el tenis
y el tenis por mí. Mis récords están ahí y no creo que haya nadie
nunca capaz de igualarlos, o siquiera de acercarse”.
Nunca, efectivamente, es mucho tiempo, pero sí es cierto que
el palmarés de Pete Sampras es realmente impresionante y le avala
en la discusión sobre si es o no el mejor jugador de todos los
tiempos. Cuando en 1998 consiguió su quinto número uno mundial
consecutivo, anunció públicamente que iba a bajar el pistón y
concentrarse en los torneos que más le interesaban. Así lo ha
hecho, así ha ganado dos Wimbledon más, y así seguirá hasta que
él mismo lo decida. Y no es probable que tal cosa vaya a suceder
pronto. Pete Sampras está muy poco desgastado y al ritmo de los
últimos años, cada vez va a tener más tiempo para recuperar energías.
En el mundo del tenis masculino actual no hay nada fácil,
pero Sampras ha parecido haber logrado todos sus éxitos con una
facilidad insultante, y lo ha hecho simplemente a base de
sacar partido de sus recursos. Mientras éstos le duren, y mientras
sienta que no tiene que esforzarse demasiado, Sampras seguirá
en la brecha. Y seguramente seguirá ganando.
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