- Rugby Estalla el escándalo de dopaje del rugby georgiano
- Rugby El 'caso Georgia': falsedades, tergiversaciones y una curiosa divergencia
La literatura primero y el cine después nos han contado muchas veces historias que nos ilustran sobre que en muchos casos, sobre todo en sociedades, en entornos, en parejas, en personajes perfectos, lo peor no es que pasen cosas sino que se sepa que pasan: diversos desarrollos de la historia del traje nuevo del emperador, en la que todo va muy bien hasta que a un niño se le ocurre gritar que el rey va desnudo. En ese momento la historia comienza a admitir variantes. La más común es que al niño se le da un sopapo, se le dice que se calle, y el desfile continúa fastuoso porque claro, el error no puede admitirse: el mundo dejaría de ser perfecto y la autoridad sería discutible. A veces, tras el desfile, se ajusticia discretamente a los sastres estafadores. Otras son recompensados para dejar aún más claro que aquí no ha pasado nada. Porque el mensaje básico es que quien manda, manda. Y a eso se dedica quien manda: a mandar.
Bien: el rugby internacional es un mundo perfecto. Un mundo victoriano, con sus clases sociales referidas a países y con sus sagrados valores presidiéndolo todo. Un mundo perfectamente ordenado, muy estable, con las funciones tan perfectamente delimitadas como las del orden social medieval y sobre todo están los Valores, el Gran Manto que todo lo cubre. Evidentemente, en este mundo lo más importante es que no pase nada que desmienta esa Grandeza, esa perfección y que si el rey está desnudo, que nadie lo diga. El cínico dicho español que dice que pasar no pasa nada y si pasa, con no hacer caso vale.
Lo que pasa es que a veces no se puede fingir que no pasa nada. El problema es que cuando se hace, el fin último quizá no sea hacer frente a lo que haya pasado sino hacer lo posible para que se mantenga la estabilidad. Hoy hace ocho años y un día del partido que Bélgica y España jugaron en el Pequeño Heysel con el pase al Mundial 2019 en juego. No vamos a extendernos sobre las peripecias de Vlad Iordachescu y Alin Petrache. Sólo señalemos que cuando se cernía sobre el rugby mundial la posibilidad de la repetición de un partido por dudas sobre la independencia arbitral,con el terremoto consiguiente, una veloz interpretación del reglamento permitió distribuir unas digeribles alineaciones indebidas y de nuevo aquí no pasaba nada porque se evitaba entrar en el fondo del asunto. Una España que no había puesto aún sobre la mesa su condición de gigante dormido se quedaba fuera del Mundial pero ya decimos: un ente de dudosa existencia. Muy pequeño. Los valores quedaban a salvo y el mundo volvía a ser perfecto (*).
Pero ahora el mundo vuelve a perder su perfección. De nuevo parece que el rey está desnudo: el caso de Georgiavuelve a poner sobre la mesa que quizá bajo la imagen de perfección del rugby sucedan cosas no tan ejemplares. Un rumor a gritos durante AÑOS. Una estrella que recibe seis años de sanción y que como quien no quiere la cosa dice que fue por ayudar a sus hermanos de equipo. Una doble investigación de la Agencia Mundial Antidopaje y World Rugby que acaba en seis jugadores y un oficial sancionados y un informe -el de la AMA- en el que se habla de 'trama'. Y sucediendo todo ello en el país que más se ha acercado a los Grandes en los últimos años. Y todo ello tras una investigación de años tras detectarse las primeras anomalías.
De nuevo el rugby, al menos el de esos países pequeños y revoltosos -porque aunque entre los grandes pueda haber cosas como crisis económicas y tal otros hechos son impensables- vuelve a dejar de ser un mundo perfecto. Ahora el asunto es saber qué se hará para que vuelva la normalidad o, incluso, si se hará algo. La Agencia Mundial Antidopaje tiene unas normativas. World Rugby tiene otras. España se quedó fuera de un Mundial por un asunto en el que fue sujeto pasivo, tanto del hecho real -las circunstancias del partido de Bruselas- como de la interpretación de la norma que precipitó las alineaciones indebidas. Y la decisión fue rápida. Queda, ahora, saber cómo va a reaccionar el mundo oficial del rugby a un caso que de nuevo compromete sus propios sistemas de control: si se va a reconocer que el mundo puede no ser perfecto o se acallará de algún modo a quien diga que el rey está desnudo. Esperemos...
(*) Sobre la segunda exclusión, la del Caso Van den Berg, puede discutirse sobre si la sanción fue o no exagerada o si los hechos fueron comparables a estos. Pero por un lado la responsabilidad del hecho sí correspondió inequívocamente al rugby español y por el otro World Rugby actuó con presteza tras la denuncia. Ahora se ha llevado a cabo una exhaustiva investigación -bien está- tras detectarse, hace AÑOS, anomalías.

Comentarios