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En casa del enemigo

Palmas y palmeras en el Ono Estadi

Mallorca 0-1 Real Madrid

Toca Palma. Toca el Ono Estadi. Toca ser madridista... Camiseta de riguroso estreno, bufanda al cuello y bandera merengue sobre los hombros. Estoy tan seguro del buen carácter del público mallorquinista que llego a la cancha con todo el equipamiento. Lo primero que me sorprende es el atractivo diseño del feudo bermellón. Aquí el galáctico es el estadio. Tras abonar religiosamente 110 euros por la entrada más barata de las que restan en taquilla, busco con denuedo mi localidad en un rincón de la tribuna de sol. Ni que decir tiene que mi zona está abarrotada de madridistas más o menos camuflados.

En la mayoría de los campos de Primera, la visita del conjunto de Chamartín se vive con una pasión inusitada, pero en Mallorca se lo toman con tranquilidad. Cánticos los justos, liderados por los ultras de turno. Hasta se oyen palmas enlatadas por megafonía. Como el partido es un tostón (menuda novedad), busco cualquier excusa para desparramar mi imaginación. Pienso en el tipo que se esconde dentro del diablo bermellón, que no para de fotografiarse con todos los niños que pululan por mi zona. Gran héroe anónimo. Pero sobre todo me quedo boquiabierto viendo el tamaño de las palmeras de chocolate que paren las entrañas del Ono Estadi.

La segunda mitad nos regala un pedazo de gol y un poco de sazón cuando el Madrid culmina una contra con Maxi López tendido sobre el terreno de juego. Bronca y conatos de incendio en diferentes puntos de la grada, pero la sangre no llega al río. Esto lo hace el Madrid en dos o tres estadios que yo me sé y arde Troya... Pero Palma no es territorio Comanche. Aquí un madridista puede disfrutar del partido sin miedo a que le increpen. Aunque para disfrutar, vayan al cine o al teatro. Hoy por hoy, el equipo de Capello es la forma más rápida y segura de tirar 110 euros...

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