La historia, dicen, es cíclica y encuentra momentos de repetición. En febrero de 2015, el deporte americano vivió un shock en su gran día, la Super Bowl, el acontecimiento deportivo más visto, la emisión más seguida que rompe registros año a año. Aquel día, en el Estadio de la Universidad de Phoenix, los Patriots añadieron otra pieza a su Louvre cuando frenaron a los Seahawks a una yarda de la corona y Malcolm Butler interceptó justo después el oval.
Ese final de partido es uno de los mejores de todos los tiempos en la NFL. Y 11 años pasan para volver a ver a los mismos integrantes en el mismo partido, New England Patriots y Seattle Seahawks en la Super Bowl. Dos nombres de leyenda en un deporte que no espera para castigar.
La XL (00:30 horas, DAZN y Cuatro) del colosal Levi’s Stadium de Santa Clara es una final soñada. Vuelven dos dinastías como los proyectos que más han convencido en un curso de cambios para el football. Porque su estandarte, Mahomes, cayó lesionado. Y las alternativas, Burrow, Purdy o Jackson, no están.
Además, podría cambiar la historia. Si los Patriots ganan, llegarán a siete trofeos Lombardi, uno más que los Steelers y solos en lo más alto. Y sin quedar nada de la era Tom Brady, la más relevante de la historia y una que ahora nadie quiere premiar en un Salón de laFama controvertido. Lo que es la vida...
Más que Brady
Aunque el legendario Brady, ahora comentarista y propietario de los Raiders, sigue siendo la forma de explicar qué son los Patriots en la NFL. Tras un cortísimo camino por el desierto, sólo ocho años sin Super Bowl, han vuelto y son igual de temibles. Mantienen su forma de entender la competición y el sentido de equipo. Su arma es la defensa y el puntaje corto. Se entiende a partir de nombres de la talla de Milton Williams o Christian Barmore. O por el chico de origen colombiano Christian González.
He cerrado el círculo, mi padre me llevó a una Super Bowl y ahora la jugaré
Además, Drake Maye articula su ataque. Un mariscal seguro, capaz de encontrar buenas rutas para castigar. No es Brady, pero es capaz de gestionar los partidos importantes sin dudar bajo la presión de las expectativas... y de los rivales. “He cerrado el círculo, mi padre me llevó a una Super Bowl y ahora la jugaré”, contó en el día de medios.
Seattle, favoritos
En Foxboro tienen la fama, pero el favoritismo es de los Seattle Seahawks. Sólidos en temporada regular y fiables en Playoffs, ante 49ers y los Rams del MVP Stafford. Viven del bloque, pues tienen unos cuerpos completos a todos los niveles. Parte de una defensa férrea, donde sobresale la juventud de Emmanwori) y la seguridad de Jones o Williams liderando.
Y en ataque reina un sentido de la superación. Sam Darnold nunca pensó que sería un quarterback de Super Bowl y ahí está. Más Jaxon Smith-Njigba, el receptor más habilidoso del planeta. Pone la chispa e imaginación. Y es el factor diferencial de la final.
No voy a cambiar todo de la noche a la mañana. Nos mantendremos fieles a nuestro proceso y la forma de jugar
Su final pasará por los puntos y elevar el marcador, no permitir que New England se haga fuerte en el barro. “No voy a cambiar todo de la noche a la mañana. Nos mantendremos fieles a nuestro proceso y la forma de jugar”, apuntó Mike Macdonald, entrenador de la franquicia del estado de Washington.
En conjunto, son favoritos y quizá mejores. Pero la cuestión es si lo serán en un contexto totalmente diferente como el de la gran final. Ahí las opciones de los Pats ganan enteros y a eso se agarran como siempre hacen. Es su fuerte.
Trump, conspiraciones...
Los ingredientes son muchos, los rivales tienen un pasado juntos y un futuro como equipo con progresión. Y la Super Bowl volverá a mover masas. Con su polémica habitual, como siempre. Además de las que pone Trump y su administración, el partido tiene un entorno conflictivo. Y de forma curiosa, pues hay extendida una teoría que señala que el Levi’s Stadium de Santa Clara tiene peligro en forma de lesiones porque hay una central eléctrica a su lado. Hasta la NFL lo llegó a investigar en profundidad.
A ello habrá foco en lo vivido con el ICE, la mera influencia del omnipresente Donald Trump o los mensajes en una ciudad de San Francisco entregada. Pero el foco estará en lo deportivo, y el Vince Lombardi de campeón sale a escena. La batalla por el anillo está aquí.





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