Futbolistas del PSG y el Bayern se saludan tras el partido.
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Lo engendró Billy Wilder, el maestro del cine, el tipo de las ocurrencias de ácido sulfúrico, cuando terminó Con faldas y a lo loco, (una obra maestra de las balas, los camarotes y los disfraces), con aquella sentencia de: “nadie es perfecto“. Ni nadie ni nada, ni siquiera un partido de fútbol, un PSG-Bayern, un asombro de noventa minutos.
Claro que ese 5-4 albergó deficiencias.
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