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Álvaro Roca, redactor www.decoratingmart.com
Con los números en la mano es imposible asegurar que el paso de Jesús Gil por el Atlético haya sido beneficioso para el equipo rojiblanco. Hace 20 años los colchoneros peleaban con el Barcelona por ser el segundo equipo de España y ahora se ha visto superado por Valencia y Athletic en la clasificación histórica. No dudo de la buena intención de la familia Gil, pero la conclusión, lo mires por donde lo mires, no puede ser buena.
En estos momentos el Atlético no es nadie en Europa, se ha vendido la UEFA como un éxito cuando hace dos décadas era un sonoro fracaso. Desde 1987, ocho equipos españoles han jugado finales europeas, mientras que los colchoneros no aparecen en una desde la Recopa del 86 ante el Dinamo de Kiev.
La buena intención de la familia Gil es indiscutible porque más atléticos que él muy pocos. Las derrotas de los suyos le jugaron muy malas pasadas e incluso su médico le prohibió (no lo consiguió) ver algún encuentro. Hay que aceptar que la familia Gil ha sabido evolucionar de un presidencialismo feroz a una situación mucho más abierta.
La situación actual tiene que cambiar de alguna manera. No quiero decir que alguién se tenga que bajar del barco, pero el Atlético de Madrid no puede seguir así.