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Antes de que la selección inglesa entrara en un declive pronunciado –no acudió a los Mundiales de 1974 y 1978-, habÃa ganado la Copa del Mundo en 1966. Inglaterra jugó en casa, obtuvo algunos favores arbitrales y no maravilló a nadie. Eran los años sesenta y algo de la efervescencia del pop comenzaba a contagiarse al fútbol. Nadie lo representó mejor que George Best. HabÃa excelentes jugadores: Dennis Law, Johnny Giles, Charlie Cooke, Billy Bremner, Jimmy Greaves o Alan Hudson. Muchos de ellos eran escoceses o irlandeses, pero los ingleses podÃan aportar jugadores de primera lÃnea. Bobby Moore era uno. Alto, compacto, rubio, con una cierta arrogancia de oficial inglés, Moore fue algo más que un gran defensa central. TransmitÃa carisma y confianza. Alf Ramsey le nombró capitán de la selección muy joven, por delante de los más veteranos y conocidos, como Bobby Charlton o Jimmy Greaves. En el campo se comportaba como un mariscal. TenÃa clase para anticiparse a los delanteros y para jugar la pelota con autoridad. No era Beckenbauer, pero impresionaba. Buen cabeceador, astuto para leer el juego, lÃder indiscutible en sus equipos, sus adversarios le admiraban. Pelé nunca disimuló su aprecio. El combate entre Moore y los delanteros brasileños en el Mundial 70 figura entre los momentos más épicos de la historia del fútbol.
Las recomendaciones de Segurola
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(Eduardo Galeano, Siglo XXI Editores)
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