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El rincón de Santiago Segurola

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ENE 24 2008

Ingleses con pabellón mundial


El fútbol inglés atrapa por muchas razones a los aficionados. Una, y muy importante, está relacionada con su mística. Hay un factor reverencial con el país que inventó el juego más popular de nuestro tiempo. Se quiera o no, se produce en los hinchas una sensación de agradecimiento y deuda que está por encima de las épocas y de los gustos. Hasta quienes detestan lo que se conoce como el estilo inglés, guardan el respeto debido a un país que vive el fútbol con un entusiasmo muy particular.

El estilo inglés es una idea que se aproxima al tópico más que nunca en estos tiempos. La mundialización derivada de la sentencia Bosman ha introducido cambios profundos en la Liga inglesa, quizá la más renovada por la masiva llegada de jugadores y técnicos extranjeros. En estas condiciones resulta hablar de una manera inglesa de entender el fútbol, pero la historia pesa todavía. Para los aficionados, el fútbol inglés es dinámico, emotivo, un poco ingenuo, tenaz, batallador, frontal, leal y escaso de técnico. Los centrales son grandes, los laterales tiran centros desde el medio campo, los arietes son arietes, la elaboración es corta y los pelotazos son muy largos. Evidentemente, el fútbol inglés es mucho más que eso, pero el retrato robot no se diferencia mucho, al menos hasta que los cambios en la Liga inglesa obliguen a las nuevas generaciones a aceptar otros modelos.

Soy un fanático del fútbol inglés, y por esa misma razón me merece una posición tan crítica como la que mantengo con el calcio. Si acaso, concedo a los ingleses una generosa aproximación al juego que rara vez he visto en Italia. Sin embargo, durante buena parte de los años setenta y de los años ochenta, me cansé de ver el mismo partido. Excepto el Liverpool, que hizo un arte victorioso de la posesión y el pase, la mayoría de los equipos ingleses se inclinó por la vía directa: pelotazo y rechace. Aquello aburría mucho y permitía alguna sorpresa cuando el Liverpool se despistaba. No es casual que durante la hegemonía del equipo de Anfield, sus principales rivales fueran equipos de segundo o tercer orden. No fueron los mejores tiempos para el Manchester United, el Arsenal, el Everton o el Tottenham, los grandes de toda la vida. En los setenta y en los ochenta, ganaron títulos de Liga equipos como el Derby County, Nottingham Forest y Aston Villa. Estos dos últimos fueron más lejos: conquistaron la Copa de Europa. Algunos de estos equipos, el Nottingham Forest, por ejemplo, ganaron el campeonato un año después de ascender a Primera División. Su caída era igual de vertiginosa.

El fútbol inglés se igualó por abajo y, por raro que parezca, se olvidó de imitar al equipo de éxito: el Liverpool. Algunos de los problemas estaban en la Federación Inglesa, donde los gurús técnicos predicaban un juego especulador bajo la apariencia de generosidad. El más dañino fue Charles Hughes, uno de los responsables de la federación, que publicó su tesis en un libro denominado “The winning fórmula” (La fórmula ganadora). Con muchos gráficos y flechas, convertía el juego en un asunto de porcentajes. Proclamaba el pelotazo y sus consecuencias: la falta al borde del área, el porcentaje de probabilidades de marcar desde determinadas lugares y una larga lista de tonterías que terminaron por dañar gravemente al fútbol inglés. Todos hacían lo mismo y los más perjudicados eran los poderosos equipos que habían dominado la Liga.

Como suele suceder cuando la mediocridad se apodera del fútbol, fueron tiempos muy duros para los jugadores de clase. Pero, por esa misma razón, los jugadores especiales destacaron más nunca frente al grisáceo paisaje que les rodeaba. Muchos de mis jugadores ingleses preferidos son muy poco ingleses, en el sentido que se concede a la idea británica del fútbol. Algunos fueron repudiados en Inglaterra, o estuvieron sometidos a una crítica incendiaria, pero eso no importa. Dieron brillo al fútbol y mantuvieron una llama que no se apagó. En muchos casos, representaban lo que luego ofrecieron Bergkamp, Henry, Kanu, Cristiano Ronaldo, Cesc y Zola y la larga nómina de estrellas extranjeras que han embellecido la Liga inglesa.

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