Sin la emoción vivida poco antes, con el globo de cristal ganado por Sofia Goggia y la tensión por la general disparada entre Shiffrin y Aicher, los chicos se enfrentaban al último supergigante de la temporada. En juego estaba solo la victoria en la Olympiabakken, que no era poca cosa. Porque el globo de la especialidad era ya propiedad de Marco Odermatt, como el de la general.
Después de tres cancelaciones consecutivas (Garmisch y dos en Courchevel), el supergigante masculino regresaba al calendario para cerrar la temporada. No se bajaba en la Copa del Mundo desde el 23 de enero, cuando Odermatt ganó en Kitzbühel. La mañana estaba para ver quién sumaba su nombre como ganador en Lillehammer en la Copa del Mundo.
El supergigante masculino se ponía en marcha con la bajada del austriaco Lukas Feurstein y el dominio absoluto de Italia en las finales de Lillehammer. Tres carreras y tres veces que había sonado el himno italiano, el Fratelli d’Italia: Dominik Paris, Laura Pirovano y Sofia Goggia. Y dos cartas de alto valor para ampliarlo en el S-G: Franzoni y Paris.
Para empezar, el crono a batir fue el del austriaco de Mellau: 1:28.78. Que no era para estar arriba se intuyó al ver la bajada y se ratificó al llegar el segundo a meta. El suizo Alexis Monney mejoró en cada sector para rebajar en 1.31 a Feurstein. Ese ya era un mensaje muy serio.
El ataque italiano a mantener el pleno lo lanzó Franzoni, ganador en el S-G de Wengen. El lombardo de Manerba del Garda bajó con tiempos parejos a los de Monney, pero un error final le dejó a solo veinte centésimas del suizo.
Lo que empezaba después era el ataque austriaco: Haaser, Schwarz, Kriechmayr y Babinsky, todos seguidos. El primero ya se puso al frente de la prueba al rebajar en 0.28 a Monney. Pero no le iba a bastar, porque Kriechmayr volvió a sacar la enorme clase que lleva dentro y puso su crono, 1:26.08, como la marca a batir.
Pasado el aluvión austriaco, el listón de la victoria se había elevado a niveles de Duplantis para los suizos y Paris. Los ojos de Kriechmayr, que intuía su victoria número 21 en la Copa del Mundo, la undécima en supergigante, se iban a la salida de Odermatt.
Pero antes quedaba Paris. El ganador del descenso volvió a estar en la pelea. Tanto que se colocó el primero (1:26.81) y la apoteosis italiana se mantenía viva. A sus 36 años (14 de abril de 1989), el tirolés apuntaba a su vigesimosexta victoria en la Copa del Mundo (sexta en supergigante) en una carrera que tiene su arranque en la élite en diciembre de 2008.
Esa victoria tomó forma de verdad cuando Marco Odermatt se fue lejísimos de los mejores. Con la temporada cerrada con otra lluvia de globos, Marco se fue a casi dos segundos de Paris (1.97). Una posición extrañísima para él.
En ese ya largo camino, el de este fin de semana es el quinto doblete de Paris en un mismo fin de semana: 2018 (Bormio, descenso y súper), 2019 (como hoy, en Kvitfjell, luego en Soldeu y de nuevo en Bormio, en esta última ocasión en dos descensos) y hace un año, de nuevo en el descenso y S-G de Kvitfjell.
Cerrada ya la temporada del supergigante, la clasificación de la 2025-26 queda con Odermatt como ganador del globo, por cuarta vez consecutiva y con 425 puntos. Son 78 más de los sumados por Kriechmayr y 124 respecto a Haaser.



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