Epitafios Australianos. Octavos
lunes, 21 enero 2013, 14:53
Los Grand Slams son jueces implacables. Aplican con rigidez la sagrada ley dictaminada por la doctrina y el magisterio de este mágico deporte llamado tenis. Durante 14 días, los 128 mejores profesionales del planeta aportan pruebas presenciales y alegatos que justifiquen que su nombre figure en el orden de juego de las jornadas posteriores. Pero las sentencias son inescrutables. No hay clemencia. Ni repescas. Ni segundas oportunidades. 127 jugadores son pasados a cuchillo y sólo hay un campeón. Mis líneas son para los que, bajo el tórrido sol australiano, son ejecutados sin contemplaciones. Ya sólo quedan ocho. El resto, que Descansen en Paz.
Octavos
- Stanislas Wawrinka. Desamparado, cabizbajo y frustrado. Así cruzó Stan el pasillo que une la Rod Laver Arena con los vestuarios tras recibir uno de los peores castigos anímicos que puede recibir un tenista profesional. Tras perder 12-10 en el quinto set con Novak No había consuelo posible para el jugador suizo. Sudó hasta la extenuación en la pista y sometió sin piedad al número 1 del mundo. ¿Qué más se le podía pedir? Con una policromía de golpes que rozó la excelencia, logró el primer y el tercer set. Dejó escapar la segunda manga cuando estaba en su mano, y desperdició dos puntos de break que le hubieran puesto el quinto en bandeja. Cada vez que Wawrinka dudaba, aparecía el espíritu sabueso de Djokovic. El experto olfateador de glóbulos rojos e infalible degustador de espíritus renqueantes se cobró una nueva víctima.
- Milos Raonic. Por cuarta vez en su singladura profesional el canadiense tenía el honor de medirse a Roger "Su Majestad" Federer. Así ha aprendido a llamarle Milos tras caer derrotado en los tres golpes de estado precedentes. Siempre rozó el derrocamiento. Siempre. Sin esa claustrofóbica sensación que suele atenazar a los tenistas que se ven encerrados por Roger, Milos ha sabido tutear al suizo sin complejos. Sin perderse en conjeturas evanescentes, el pupilo de Galo Blanco asume con naturalidad que los deslices al servicio son preludio inequívoco de mortandad. Y por eso arriesga, se envalentona y obliga a Roger a ofrecer su vertiente más majestuosa. Los años venideros otorgarán a Milos un papel de mayor relevancia en los Grand Slam. Su estatus de "promesa emergente" quedó en el olvido. Ya nadie descarta su futurible presencia en los Torneos de Maestros. Y ese momento puede llegar pronto. Muy pronto.
- Janko Tipsarevic. Su duelo ante Almagro se antojaba como uno de los más parejos en esta octavofinalista ronda australiana. Pero el tenis se olvida pronto de los prolegómenos y de las expectativas generadas. Pone a cada uno en su sitio bastante rápido. Y el murciano demostró estar cuatro cinco escalas por encima en la sinfonía de golpes orquestada por ambos. Estaba a punto de izarse el telón en el segundo acto cuando se oyó chirriar la raqueta de Janko. Lo iba a hacer. Una vez más. Se retiraba. Probablemente ese era su reto personal: lograr el "Golden Grand Slam" y retirarse tanto en los cuatro grandes como en los juegos olímpicos. Enhorabuena. El serbio empieza a ubicarse en la antesala de la sinvergonzonería, en el antepalco de la burlesca antipatía por los valores de un deporte que le ha ubicado en su Top 10. 18 retiradas en el circuito no pueden ser casualidad. Sus compañeros en el circuito le tienen tomada la medida. Y la ATP también.
- Gilles Simon. Su cuerpo no ha estado presente en los octavos de final. Ha sido su alma la que ha deambulado por la Hisense Arena intentando que la derrota ante Murray no fuera de carácter humillante. La maratoniana sesión de pasabolismo calculado ante su compatriota Monfils, le había desangrado. Lo sabían Gilles, Andy, Lendl y toda la Hisense Arena. El partido no hubo por dónde cogerlo. Cualquier parecido con el Wawrinka ? Djokovic era una broma de mal gusto. El francés y el británico habían llegado a un pacto visual de no agresión: "Yo te gano fácil, pero no me regodeo con un marcador abultado", decían los ojos de Murray. "Te lo agradezco", respondía la sonrisa de Simon". Y así fue. 6-3, 6-1, 6-3. El número 3 del mundo avanza con el paso relajado que le brindó la eliminación de Del Potro. Próxima víctima: Jeremy Chardy.
Antonio Arenas
Llegan los cuartos de final del Open de Australia. ¿Quiénes serán los próximos en caer? ¿Cuáles son vuestros pronósticos?
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