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Si en deporte las discusiones suelen concluirse con el argumento casi
definitivo de que la victoria decide quien tiene 'razón', la discusión
sobre cual es el mejor equipo de la historia de balonmano, al menos
a nivel de club, tiene respuesta clara: El F.C. Barcelona.
Escuadras míticas como el Gummersbach de principios de los años 80
(Andreas Thiel, Dirk Rauin y sobre todo Sepp Wunderlich), la Metaloplástika
de finales de esa época (Basic, Vujovik y Vukovic) pueden comparársele
en cuanto a juego y calidad de los jugadores, pero en cuanto a éxitos,
el palmarés del Barcelona no tiene comparación. Sólo en la última década,
seis Copas de Europa, cinco consecutivas, y dos recopas.
No es, además, justo circunscribir el mérito del Barcelona a tener
la plantilla más potente. El Barcelona tiene, como es lógico en un equipo
de este nivel, a buena parte de los mejores de Europa. Y ficha a lo
mejor, por supuesto, pero reunir un palmarés de este calibre no se consigue
con una simple acumulación de estrellas.
Valero Rivera, tantos años al frente de esta escuadra, ha cimentado
más bien su éxito en ensamblar un bloque en el que encajen a la perfección
las estrellas, y que sean conscientes de su potencial, no de su superioridad.
Las discusiones sobre la calidad seguirán siendo interminables, pero
los éxitos son indiscutibles, y los del Barça ahí están.
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