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GRAN PREMIO DE MALASIA
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La opinión del experto

Por Miguel Sanz
Miguel Sanz es uno de los especialistas en motor de MARCA

 
Año triunfal para Ferrari
 
MIGUEL SANZ · Madrid
Ferrari llegaba a Malasia con tal inercia de victorias, festejos y protagonismo, que se lo ha llevado todo por delante en el último Gran Premio de la temporada.
Cuando se está en racha, ni la mala suerte se interpone, y todos los sueños y anhelos encajan a la perfección en la realidad. Ferrari tenía que ser campeón de constructores ayer en Sepang para ajustar cuentas con la historia, y lo fue, con lo que vuelve a ser la escuadra más laureada de la Fórmula 1. Y Michael Schumacher, el hombre del milagro, debía ganar para redondear la mejor temporada de un piloto de Ferrari y la mejor de un piloto en F-1, y ganó, logró la 44ª victoria de su carrera y la novena este año.
Al tricampeón le quedan ocho triunfos para superar a Prost y ser el emperador de las victorias, y como ha dicho alguna vez que quiere pilotar hasta los 40 años, pues que tiemblen las estadísticas, algunas de las cuales ya encabeza. Hakkinen sintió la presión Esa inercia campeona y altiva de Ferrari se cernía como una sombra sobre los McLaren todo el fin de semana, y se tradujo en un error de principiante de Mika Hakkinen en la salida del Gran Premio. Tanto él como Coulthard superaron a Schumacher, que partía con la ‘pole’ (la décima de Ferrari este año, y otro récord del equipo, aunque empieza a sonar aburrido). Coulthard lo hizo bien, pero a Hakkinen se le disparó la adrenalina y lo hizo antes, así que fue castigado con un ‘stop &go’ (diez segundos en boxes) y regresó último. Demasiado hizo con acabar cuarto en una gran remontada. Sólo Coulthard mantenía empaquetadas las pelucas rojas de Ferrari, ya que marcó un fuerte ritmo en cabeza hasta el primer repostaje.
Pero allí, una vez más, Ferrari fue más rápido, eligió mejor la vuelta para parar y Schumacher regresó líder ya hasta el final, dejando que su compañero Barrichello luciera también la primera plaza algunas vueltas. Rubens ha quedado eclipsado esta temporada, pese a haberla sacrificado en beneficio del ‘Kaiser’, pero suya fue la mejor victoria del año, que quedará grabada como una de las más memorables de la historia en Alemania, donde partía decimoctavo y acabó venciendo. Pero ayer volvía a lucir la gran estrella de Schumacher, con un ritmo preciso e implacable desde que cogió el liderato y hasta el final, con saltos, abrazos, besos, lágrimas, pelucas y cachondeo vario. “Esta noche vamos a tener una fiesta muy grande. El equipo y todos nos lo merecemos”, mascullaba Schumacher entre sonrisas.
A pocos metros de la pista, en el hotel del circuito, el segundo gran artífice de la resurrección de Ferrari, Luca di Montezemolo, ofrecía, también con su peluca roja puesta, la reflexión de quien ha sufrido nueve años en la presidencia del mito rojo sin resultados hasta este 2000. “Somos el mejor equipo del mundo. Hemos ganado 10 carreras, hemos hecho 10 ‘poles’ y hemos ganado los dos títulos mundiales. Qué más decir. He dedicado 9 años de mi vida a este objetivo y la sensación es indescriptible. Hemos resurgido y aquí no va a quedar la cosa, porque vamos a ir a más”.
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