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GANARON LAS FINALES INDIVIDUALES
Martina Hingis y Yevgueni
Kafelnikov, reyes de Australia
Yevgueni Kafelnikov y Martina
Hingis fueron los ganadores del Abierto de Australia de 1999,
al derrotar al sueco Thomas Enqvist y a la francesa Amelie Mauresmo,
respectivamente, en la final de este primer torneo del Grand Slam
de la temporada.
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Yevgueni
Kafelnikov se convirtió en el primer ruso que gana el Abierto de Australia
al derrotar al sueco Thomas Enqvist por 4-6, 6-0, 6-3 y 7-6 (7-1). Kafelnikov
(10) fue el único favorito que había llegado a las semifinales en un
torneo plagado de derrotas y deserciones de los cabezas series por diferentes
motivos. Pero el ruso aprovechó estas circunstancias para ir mejorando
poco a poco su pobre juego en las primeras rondas y subir en confianza.
Eso le ha supesto ganar el segundo Grand Slam de su carrera, casi tres
años después de triunfar en Roland Garros al vencer en la final al alemán
Michael Stich, una victoria que le coloca tercero en la clasificación
mundial, superado únicamente por el estadounidense Pete Sampras y el
español Alex Corretja.
"Gracias Pete (Sampras) por dejarme saborear este sentimiento tan maravilloso",
dijo Kafelnikov tras recibir el trofeo de campeón y el cheque por 65
millones de pesetas (unos 450.000 dólares) al referirse a la ausencia
del número uno por fatiga mental y física. Sampras es una de sus "bestias
negras" y fue su verdugo en la final del Masters de Hannover en 1997.
Kafelnikov admitió después que con el de Washington en el cuadro su
victoria hubiera sido casi imposible. "Cuando gané Roland Garros todo
fue demasiado rápido, pero esta vez sí lo estoy disfrutando y es indescriptible",
añadió Kafelnikov, radiante de felicidad "por haber ganado el último
Abierto de Australia del siglo". El jugador hizo tres menciones especiales
al dedicar la victoria. "Gracias a Larry (Stefanki, su entrenador, que
el año pasado llevó al chileno Marcelo Ríos a la final), a mi mujer
y mi hija que están en casa, y a mi abuelo, que murió en septiembre".
La victoria de Kafelnikov -tercera en siete enfrentamientos contra el
sueco- se produjo sin embargo en uno de las peores finales de los últimos
años, plagada de errores por ambos bandos pero en especial de Enqvist,
que acabó con 62 fallos, sobre todo con su derecha, su mejor golpe en
este torneo en el que sólo había perdido dos sets antes de llegar al
último partido. Enqvist, que había sido campeón junior aquí en 1991,
y que soñaba en convertirse en el tercer sueco en la lista de ganadores
del Abierto de Australia (Mats Wilander (1983, 84 y 88), Stefan Edberg
(1985 y 87), se había presentado como el jugador más en forma, a pesar
de no contar entre los favoritos. Su título en Adelaida y en la exhibición
de Kooyong eran su mejor tarjeta de visita, con 11 victorias y ninguna
derrota, confirmada después con una serie de sonados triunfos ya en
Melbourne Park sobre los ídolos locales Patrick Rafter y Mark Philippoussis.
Inicio arrollador
El sueco comenzó la final de forma arrolladora, jugando muy largo
y de forma precisa sobre el revés de Kafelnikov. Quebró en el quinto
juego (3-2) cuando el ruso le entregó su saque con una doble falta,
y esta ventaja fue suficiente para ganar el parcial en 38 minutos. Pero
la reacción del tenista de Sochi fue radical a partir de ahí. Yevgueni
Kafelnikov hizo oídos sordos a la hinchada sueca que se hacía notar
a cada instante apoyando a su jugador para ganar nueve juegos consecutivos,
gracias en su mayor parte a los numerosos fallos de Enqvist, que entró
en un terrible bache que duró 42 minutos y que le costó perder el segundo
set en 20 minutos, e ir abajo en el tercero 3-0. Aunque Enqvist logró
enderezar algo el rumbo y tuvo un punto de ruptura para colocarse con
ventaja de 4-3, su derecha no volvió a funcionar jamás y perdió este
set al ceder su saque en el octavo juego.
El quinto set fue el más disputado, pero el juego continuó siendo soporífero,
con demasiados fallos por ambas partes. Enqvist lograba algún que otro
"ace" -terminó con 19- pero destrozaba su ritmo con dobles faltas -hizo
15-, mientras que Kafelnikov seguía insistiendo sobre su derecha para
minar la moral de su adversario. No hubo rupturas y el desempate final
fue un fiel reflejo del partido, ya que Enqvist prácticamente regaló
seis puntos, dos de ellos con doble falta, una en el "match-point" para
entregar la victoria en bandeja al ruso después de dos horas y 26 minutos.
Tal y como hizo la suiza Martina Hingis al ganar el sábado el título,
Kafelnikov lanzó su raqueta al público y levantó los brazos mientras
Enqvist buscaba con su mirada a su novia Daniela Danilovic en busca
de consuelo.
Martina Hingis ganó por
tercera vez en Australia
En
cuanto a la suiza Martina Hingis, tiene una pista de 'rebound ace' en
su casa de Trubbach, y quizás eso explique su gran facilidad
para comenzar las tres últimas temporadas ganando el Abierto
de Australia, el único Grand Slam que se disputa en este tipo
de superficie y que ella calificó como su "territorio".
Hingis ganó por tercera vez el título individual en Melbourne
al derrotar a la francesa Amelie Mauresmo por 6-2 y 6-3 en una hora
y siete minutos y convertirse en la auténtica reina de Australia,
donde lleva logrados seis galardones, tres en dobles y tres individuales
en tres años consecutivos. En su todavía corta carrera
ha coleccionado cinco grandes, tres Abiertos de Australia, un Wimbledon
y un US Open. Sólo Roland Garros, donde fue finalista hace dos
años, se le resiste.
La previsible batalla final entre
Hingis y Mauresmo, esta última la gran sensación de esta
edición, quedó destruida por el genial juego de la suiza.
Hingis dominó por completo a su adversaria y lejos de intimidarse
por sus músculos como otras jugadoras, o por sus geniales golpes
de revés, Martina impuso su gran experiencia para conseguir una
victoria que calificó como un triunfo mental.
Hingis, además, amplía su racha en Australia. Lleva ya
21 partidos consecutivos sin perder en este Abierto, aunque todavía
está lejos de la estadounidense Monica Seles, que con cuatro
victorias en Melbourne llegó hasta los 33, precisamente hasta
que Hingis se cruzó en su camino esta semana.
Mauresmo, la verdugo de la estadounidense
Lindsay Davenport en semifinales, defraudó por su falta de consistencia.
La francesa falló en los momentos en los que una campeona sabe
estar en la pista aguantando la situación, aunque, no obstante,
dejó claro que a nada que mejore algo esa parte de su juego puede
ser una asidua en cualquiera de las finales de un grande.
Apoyo sentimental
Mauresmo no pudo ofrecer el título a su novia, Sylvie Bourdon,
que estuvo apoyándola dese la grada en todo momento, ni a su
entrenador, Christophe Fournerie, aunque al final, en la entrega de
trofeos, les dedicó sus mejores palabras: 'Gracias por estar
aquí conmigo. Os amo a los dos'.
Este apoyo sirvió de poco
porque Amelie Mauresmo estuvo más lenta que de costumbre y su
primer servicio brilló por su ausencia, consiguiendo un miserable
46 por ciento de primeros saques. El problema de la francesa es que
se lo jugó todo a un golpe ganador y con Hingis en el fondo eso
puede significar un suicidio. En su intento de ganar el punto cuanto
antes para que la inteligencia de Hingis no se impusiera, Mauresmo cometió
41 errores no forzados y perdió su saque cinco veces, tres de
ellas en el segundo set.
Tras ganar el partido, Hingis se dirigió a los espectadores y
les arrojó las raquetas con las que había ganado su quinto
Grand Slam, un torneo que no le devolverá el puesto de número
uno, aunque servirá para acortar la distancia con relación
a Davenport en algo menos de 400 puntos. Mauresmo subirá del
29 al 18.
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RESULTADOS
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