Federer también es humano
Por J. Carlos Jurado.
Madrid
Y es que el suizo era el máximo favorito para llevarse por
tercera vez consecutiva el torneo, igualando a leyendas como Ivan Lendl
o Pete Sampras. Pero entonces, apareció David Nalbandián para encarnar al
mismísimo Guillermo Vilas y sumar la segunda Copa Masters para el tenis
argentino. Fue un torneo de lo más extraño.
De los cuatro argentinos que acabaron jugando la Copa Masters, sólo uno,
Guillermo Coria, se clasificó por méritos propios. Nalbandián se benefició
de la baja de Roddick; Gastón Gaudio, de la renuncia de Hewitt por su reciente
paternidad y Mariano Puerta, de la lesión de Rafa Nadal, que le impidió
hasta iniciar la competición. Además, Agassi se retiró por lesión tras perder
el primer partido contra Davydenko, dejando su sitio al chileno Fernando
González. Así, todas las miradas se centraron en Roger Federer, que no perdía
un partido desde que lo hiciera en semifinales de Roland Garros con Rafael
Nadal. El suizo no llegaba al cien por cien tras acabar de salir recientemente
de una lesión, pero lo cierto es que en semifinales humilló a Gastón Gaudio
con un doble 6-0.
Parecía que Federer iba a ganar la Copa Masters con total comodidad, pero
en la final se encontró con un Nalbandián inconmensurable. A lo largo de
las casi cinco horas que duró el encuentro, el argentino se mostró superior
y no se desanimó a pesar de perder los dos primeros sets en el tie-break.
El desgaste y la fatiga empezaron a hacer mella en Federer, que perdió el
tercer y el cuarto set por un claro 6-2 y 6-1. Nalbandián se fue llevando
puntos y más puntos ante la impotencia de Federer hasta situarse con 4-0
a su favor en el quinto y definitivo set.
Fue entonces cuando despertó el número uno del mundo para igualar la última
manga a cuatro y ponerse con 6-5 y 30-0 a su favor para llevarse la Copa
Masters. Pero, y aunque parezca mentira porque no suele ocurrir muchas veces,
a Federer le falló la concentración, dejó escapar su servicio y se fue hasta
el tie-break para perderlo. El argentino David Nalbandián se doctoraba como
'maestro' en Shangai y demostraba que el número uno del mundo, el suizo
Roger Federer, también es humano.