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El 'acorazado' Sáez

JAIME VARGAS. Madrid

En infinidad de ocasiones, esto del fútbol se podría asimilar a una guerra.
Y no hablo de guerras puras y duras como la que se libró en la última jornada de Liga en el campo del Sevilla. Ni de otros partidos sin dureza en los que no hay otro objetivo que tres puntos y son meras 'guerras' deportivas. Me refiero a las guerras mediáticas.

Observen la imagen si no creen que existan las guerras mediáticas. Son como las grandes contiendas. Verán. Una primera línea con cámaras y plumas por un bando frente a un simple micrófono con un señor detrás. Por detrás, los redactores, verdaderos estrategas en materia bélica. La batalla comienza con los primeros 'flashazos' de los 'foteros', que tratan de desgastar al enemigo resguardados tras una muralla. Al otro lado, Jaburu, solo ante el peligro, muestra la mejor de sus sonrisas para desmoralizar al bando rival y hacerse fuerte. Ahí empieza el bombardeo del ejército periodístico, que trata de 'conquistar' explicaciones a la renovación del seleccionador nacional. Me voy a poner a salvo...

La declaración de intenciones se había hecho desde la prensa, que iba a 'degüello'. No así desde el bando de Sáez, que hasta hoy no dijo "esta boca es mía". Pues bien, el técnico vasco lo dijo y bien alto. Desde su acorazado, Jaburu se limitó a exponer sus motivos para renovar por España. Y el hombre se mostró tan imperturbable como razonable e ilusionado. Y yo, que quieren que les diga, creo que lo hecho, hecho está. Así que conviene esperar que pase este torneo y dar un adiós a las armas momentáneo. Tras lo visto hoy, me aferro a la ilusión Sáez, a la de los jugadores y a la mía. En esto -creo- todos estamos de acuerdo, porque todos tenemos algo de ilusión, ¿no?

jvargas@recoletos.es

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