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J.
CARLOS JURADO
Alvalade se convirtió en una fiesta... portuguesa. 'Que
viva España', '`A por ellos!' o 'Portugués el que no bote'...
Todo era optimismo antes del partido, pero poco a poco se fue tornando
en tragedia. La furia española había conquistado Lisboa
desde primera hora de la mañana. La Praça do Rossio, la
Rua Augusta... Sólo se veía un color, el rojo de la selección
española y un grito, el que entonaban los aficionados del combinado
español, vestidos con indumentarias de color rojo y amarillo, a
favor de los hombres de Iñaki Sáez. En los aledaños
del Estadio Alvalade XXI, España también ganó a Portugal
(en cuanto a la afición se refiere, claro). Los gritos de ánimo
en castellano superaron con creces el apoyo al combinado portugués,
que se limitó a un '`Portugal!'.
El equipo falló a la afición. El resto de la historia
ya lo conocen. Portugal apeó a los nuestros de la Eurocopa, sumando
el enésimo fracaso en una competición internacional. Sin
embargo, hay algo que diferencia este fracaso al resto de fiascos que
nos hemos llevado con la selección. Y es que esta vez España
no ha caminado sola. Cientos, miles de aficionados han llevado en volandas
a nuestra equipo lo más lejos posible. Le han dado toda su cariño
y apoyo día y noche. La afición no ha fallado, los hombres
de Iñaki Sáez, también incluyo aquí al técnico
vasco, sí.
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